Por Juanita Cataño
Eso de lo que no se puede hacer, porque a los adultos no les parece, se convierte en el mayor reto para los adolescentes.

Hoy en día una de las mayores problemáticas es el consumo de alcohol desde la temprana edad, al punto de encontrar niños entre los 12 o 13 años con un consumo de licor frecuente, pero entre los sondeos existentes la edad promedio para la ingesta de alcohol por primera vez es de los 10 años, a los 15 ya son los expertos e incluso algunos ya están alcoholizados.
Cuando los jóvenes incursionan en este mundo hay factores internos y externos los cuales los conduce a querer otro tipo de estimulantes de un ‘nivel más alto’, es por eso que se ha aumentado el consumo de drogas al punto de ser normal.
Bajo mi punto de vista tanto la legalización como el consumo de droga es un tema de grandes magnitudes a lo largo y ancho. Lo que es indiscutible para mí es que hay una edad para todo, incluso para los vicios, pero no se alarme querido lector, no estoy induciendo o persuadiéndolo a nada, de hecho si puede no lo haga. Pero no hablemos de prohibir, pues la tendencia del ser humano desde sus principios independientemente de las teorías de origen, es anárquica, por ende lo prohibido sabe a gloria.
El libro de Génesis que relata la historia de la creación del universo comprendido en la Biblia católica nos da una muestra de ‘rebeldía’ cuando Eva incita a Adán a probar el fruto prohibido que había en el paraíso terrenal.
Al adolescente hay que hablarle como adulto, pero tratarlo como tal y olvidarse que ya no es un niño. Cuando estos temas de alcohol, sexo, drogas y rock and roll se convierten en un tabú en sus casas, no esperen que en el colegio y en la calle lo sea, por el contrario es el tema más frecuente pero en el que menos información veraz hay, pues vienen de jóvenes tan desinformados como ellos mismos.
Todos nos preguntamos para qué buscan los jóvenes ingerir licor, fumar o drogarse; y hay múltiples respuestas dependiendo de los ojos con los que quiera ver, entre las excusas más frecuentes están:
1. El afán de acelerar el crecimiento adoptando ‘comportamientos de adultos’.
2. Curiosidad.
3. La forma de escapar de la realidad y afrontar los problemas.
4. Entre sus respuestas está el que les gusta y ya.
Dentro de la diversidad de adolescentes no se puede buscar un patrón de comportamiento general pues eso depende de factores tanto sociales, políticos, económicos, familiares y culturales en los cuales haya sido criado; lo cierto es que dentro de cualquiera de estos factores existen una serie de quejas en las cuales todos coinciden, por ejemplo los adultos en general son muy dados a estigmatizar a nuestros amigos, porque es negro, rasta, metalero, punkero, etc. hablando en términos de tribus urbanas, siempre le conceden la culpa de nuestro comportamiento a ellos, en cuanto a los comentarios fastidiosos como el : ‘yo no quiero un hijo vago’ , ‘tantos sacrificios que he hecho y ¿así es como me paga?’, ‘no me traiga esa gente a la casa’, o para las chicas ‘no se maquille así que parece una …’, ‘¿y ese tipo quién es?’, ‘que rebeldía en la que anda, ya uno no le puede decir es nada’ etc. aquí podría quedarme recopilando las famosas frases de indignación y reproche de los padres y/o adultos que alguna vez todos fuimos victimas. No hay nada peor que la cantaleta. Así que no me parece una idea descabellada enseñar a los padres comportarse como tal.
Eso de que el padre debe ser el amigo a mi no me convence. El papá o la mamá son eso, y los amigos son los amigos y cada uno debe ocupar su lugar. Las relaciones que se tengan entre el joven y sus padres y el joven y sus amigos deben ser correspondientes y debe haber camaradería sin alcahuetería.
En mi adolescencia me gustaba que mi papá me hablara con la verdad, me contara lo que había hecho y sus experiencias, sin el perder su intimidad. Incluso en ocasiones mi madre se molestaba por la forma en que papá nos hablaba, pero siempre viviré agradecida y las recordare con alegría. Supongo que nunca me contó toda la verdad o alguno que otro cuento se debió haber inventado (o a lo mejor era cierto) para asombrarme pues su época hippie y la transición generacional que le tocó fue bastante fuerte, imagínense el furor de los Beatles y el rock clásico que aún nuestra generación escucha con bandas como Led Zeppelín, Pink Floyd, Kiss, Queen, etc.
Cuando uno adquiere este tipo de conocimiento es menos vulnerable y más fuerte intelectual y sicológicamente, por eso no es pecado saber cómo se produce el licor, el cigarrillo y las drogas, por el contrario al saber este tipo de procedimientos, daños y repercusiones a corto y largo plazo uno se salta un paso ¿Cuál? El de hacerlo. Pues es como si lo hubiera hecho. Así que el cuentico de que uno no experimenta si no por cabeza propia que me lo envuelva, ésa es una excusa del débil.
La curiosidad mato al gato

Y si no lo mata lo deja mal. En esta última década con esto de la globalización, fácil acceso a la información desinformada y la aceleración de la evolución los jóvenes se enfrentan con la dura tarea de selección constante y son muy influenciables debido al contagio del consumismo resultado del capitalismo salvaje. La familia juega un papel fundamental como primer pilar, debe crear unas bases firmes en las cuales se pueda edificar un ser altruista, cívico.
Abiertamente critico los drogadictos; pues por encima de muchas cosas que el ser humano posee, el racionamiento ha sido el medio por el cual hemos dominado el universo, domesticado animales, desarrollado grandes inventos que han revolucionado el mundo y el mercado y aún seguimos siendo víctimas de nimiedades como el alcohol y las drogas.
Así que jóvenes no les digo que lo hagan o no, es su decisión pues los padres no son dueños de sus decisiones y menos de sus vidas, pero son los que de algún modo les pueden ayudar a conducir, para todo hay que prepararse, incluso para tomar estas determinaciones de ‘probar o no’. Hay quienes lo hacen y nunca más lo vuelven a hacer, hay otros que lo hacen de forma moderada y no afectan a nadie, otros los débiles se quedan en un mundo donde solo hay unos instantes de adrenalina y una inmensa soledad. Este último la mayoría de las veces se convierte en un problema social de fondo pues la necesidad de saciar sus vicios lo llevan a optar por comportamientos antisociales.
Que quede claro que no critico a los que las (os) consumen y ‘lo saben hacer’, critico a quien se cree el capitán de un barco sin saber navegar en altamar.