

Por Benjamín Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle, y Profesor Titular (Jubilado) de la misma. Docente en la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, el Taller Internacional de Cartagena y la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona.
Ante la necesidad de algunas reformas en el Centro Cultural de Cali, como dotarlo de accesos para discapacitados, hoy obligatorios por ley, la Secretaria de Cultura y Turismo olvidó que dicho edificio obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura de la Sociedad Colombiana de Arquitectos en 1990, y que los arquitectos Pedro Mejia, Jaime Vélez y Raúl H. Ortiz, que trabajaron en su diseño con el arquitecto Rogelio Salmona, están activos y en Cali. Sorprende que la mismísima Alcaldía Municipal este dando el mal ejemplo al ignorar la propiedad intelectual del diseño de la antigua FES por parte de dichos arquitectos, de la mano nada menos que de su Secretaría de Cultura.
El edificio es parte del patrimonio construido del Municipio y está localizado en pleno Centro Histórico, al frente del conjunto de la iglesia de La Merced, como del Teatro Municipal y del edificio de la primera Gobernación, hoy sede de Proartes. Razones por las que el Comité Técnico Municipal, que se ocupa de la protección de los bienes patrimoniales de la ciudad, y además teniendo en cuenta que va a ser consagrado como Bien de Interés Cultural de orden nacional, junto con otras obras de Salmona, considera que dichas reformas las deberían hacer, o al menos aprobar, los tres arquitectos mencionados.
Pero no sorprende que el arquitecto escogido para las reformas desconozca la ética profesional al respecto, pues la preocupante realidad es que en las escuelas de arquitectura el tema del patrimonio construido y de la propiedad intelectual de los proyectos apenas si se toca. De hecho la asignatura de Patrimonio y Arquitectura del nuevo programa de arquitectura de la Universidad Javeriana de Cali, es la primera en el país. Como lo será igualmente el que una versión para el publico general se abra en unos días. Curso que desde luego debería ser obligatorio para muchos funcionarios del Municipio y las Curadurías.
Es urgente entender que el patrimonio construido no es algo puramente nostálgico o “histórico” que se “atraviesa” a una modernidad que por lo demás en Cali ha sido casi siempre apenas su imagen. Lo que nos ha llevado a eliminar edificios como el Palacio de San Francisco, el Batallón Pichincha o el Hotel Alférez Real, o espacios urbanos como el Parque de los Estudiantes, la Alameda de la hoy Calle Quinta o la Avenida Colombia, en lugar de construir ciudad. Es un proceso inverso al que las originó, y de ahí que, aunque extensas y pobladas, las nuestras lo sean cada vez menos. Lo que explica casi todos los males urbanos que las aquejan, entre ellos su fealdad, desorden, deficiente movilidad y creciente inseguridad.
El patrimonio construido, además de una inversión económica, energética y de fuerza de trabajo y recursos no renovables, es un galvanizador social insuperable, escenario de la cultura y parte fundamental de la identidad de los ciudadanos. Desaparecer las tradiciones, monumentos y lugares que unen culturalmente a las diferentes generaciones y procedencias de los habitantes de nuestras grandes ciudades, demasiado nuevas y extendidas, como Cali, es contribuir a generar ese desarraigo creciente que sus habitantes tienen con ellas. Lo que a su vez contribuye silenciosamente a la violencia e inseguridad que afecta un numero cada vez mayor de ciudadanos de todas sus clases sociales.