
Por Benjamín Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle, y Profesor Titular (Jubilado) de la misma. Docente en la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, el Taller Internacional de Cartagena y la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá, e Isthmus Norte, en Chihuahua. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona.
“Una idea zombi es una proposición que ha sido rigurosamente refutada por la evidencia y debería estar muerta; pero no sigue muerta porque le conviene a algún interés político o halaga un prejuicio, o ambas cosas” (Paul Krugman, Nobel de Economía de 2008, citado por Caballero, Semana, 03/06/2013). Así, de Cali se da una imagen zombi que le conviene a los politiqueros que se la roban de una u otra manera hace años, y a los prejuicios de su clase dirigente, que pretende seguir siéndolo.
Prejuicios como el “desarrollo”, el “progreso” y lo “moderno”, proposiciones refutadas por una evidencia que pocos ven, muchos prefieren no ver, y los interesados ocultan. Como la destrucción del medio ambiente, o del patrimonio construido, que no solo es el de interés cultural, sino también todo lo que comporta una inversión social y económica, pese a lo cual ha sido arrasado como si no hubiera tenido costo alguno, y dinamitarlo es un espectáculo local.
Desarrollo sólo económico, y no al tiempo social y cultural, y apenas para algunos. Es aquello de que el país va mal pero la economía va bien… callando que va bien es a base de obsolescencia programada y propaganda invasiva y engañosa que lleva a que la gente compre lo que no necesita con el dinero que no tiene, prestado por bancos que cuando quiebran socializan sus perdidas entre los que pagan impuestos, y que no les importa a los que no pagan como si no los afectara también.
Progreso que ha significado es la destrucción de la naturaleza al ignorar el impacto ambiental generado por la demanda humana de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta sin contar con su capacidad ecológica de regenerarlos. El rapidísimo crecimiento de Cali a lo largo del último siglo ha llevado al deterioro de los siete ríos que ahora la atraviesan convertidos, unos mas que otros, en cloacas, y de todo el piedemonte de la Cordillera, y sus Cerros Tutelares.

Modernismo que ignora que lo auténticamente ya no moderno sino posmoderno es lo sostenible y contextual, comenzando por la re utilización de lo ya construido. Que la ciudad y su arquitectura y urbanismo deben obedecer a su clima, paisaje y tradiciones, y no a la moda de lo espectacular que nos quieren imponer con costosísimas megaobras de las que ni siquiera se conocen sus proyectos, que han debido ser por concurso público, y cuya “valorización” cobran sin ellos, ilegalmente.
Y esos intereses que aquí convienen a los politiqueros son el clientelismo, la coima y el peculado; el robo sistemático al erario con obras públicas que doblan o incluso triplican los presupuestos o que simplemente se desvanecen en el aire como esa terminal del Mio de la que sólo quedará un sonoro y valiente “¡mentiroso!” de la Presidenta de Metrocali al alcalde anterior que por supuesto toca al actual pues antes fue concejal.
La ciudad, escenario de la cultura (Mumford, La cultura de las ciudades, 1938) y la creación humana más compleja, debe entenderse como un sistema no homogéneo conformado por sub sistemas naturales, construidos y culturales, en interrelación en un área determinada, y no su simple suma (http://cienciassocialescmm.webnode.es/28.09.2010 09:51). Mas la idea zombi es que Cali ya es de nuevo una pequeña sucursal del cielo (A. L. Mera, El País, 11/06/2013), pese a ser la mas violenta del país.
