Por Humberto Giratá
Uno de los fenómenos sociales más relevantes de este siglo lo representa las manifestaciones en todo el planeta, aparentemente espontaneas, de grupos de ciudadanos convocados a través de las redes sociales con el propósito de expresar su inconformidad con el Estado o con las políticas estales.

Estos movimientos han conseguido el relevo de mandatarios, mayor democracia en las decisiones, pero, detrás de este conjunto de insatisfacciones es la percepción de que el Estado ha dejado de ser la síntesis que armoniza los intereses individuales y sociales de los miembros de una sociedad.
No creo necesario profundizar sobre las características generales de las protestas y el énfasis será acerca de las movilizaciones de la juventud española reclamando empleo y oportunidades para su desarrollo personal.
La situación es ese país es muy angustiosa porque el desempleo juvenil supera ampliamente el 50% y, como se veía en los carteles, los abuelos debían continuar trabajando para mantener sus hogares, con la expectativa que, de repente, sus nietos encontraran una ocupación, sin importar que no correspondiera a su nivel de estudio, que con tanto esfuerzo habían financiado sus familias.
Este preámbulo es para comentar el último informe del DANE el cual reveló que para el tercer trimestre de 2014 32,5% de la población juvenil en edad de trabajar está representada en jóvenes entre 14 y 28 años de edad. Esto significó una caída de 0,3% frente al mismo trimestre de 2013, cuando fue de 32,8%.
La tasa de ocupación fue de 49,1%, lo que representa un aumento de 0,2 puntos porcentuales frente al mismo trimestre de 2013. Los hombres tienen una tasa de ocupación de 58,2% y las mujeres el 39,8%.
Según el informe, larama de actividad que ofreció mayor empleo fue comercio, restaurantes y hoteles con 29,3 %, seguida por servicios comunales, sociales y personales y agricultura, pesca, ganadería, caza y silvicultura, con 17,8% y 15,8%, respectivamente.
La ocupación que registró la mayor concentración de la población joven durante este periodo fue: obrero, empleado particular con 50,5 %.
Los principales niveles educativos reportados fueron: 31,1% manifestó tener secundaria completa, 24,1% el nivel educativo secundaria incompleta, 23,3% tenía una educación superior incompleta, 13,7% contaba con primaria completa o inferior. Finalmente, el 8% de los jóvenes terminaron la educación superior.
No obstante, los esfuerzos del gobierno como la “Ley del primer empleo” la tendencia se mantiene y la presencia de una proporción muy pequeña de jóvenes profesionales obliga analizar las políticas de educación que si bien han ampliado la cobertura y brindado desayunos y, en ocasiones, almuerzos a los educandos no encuentra una oferta laborales decorosa y muchos se ven abocados a trabajar en sectores de subempleo próximos a la marginalidad.
La sensación de desesperanza por un futuro de los jóvenes colombianos son similares al de los españoles porque se ven carentes de oportunidades políticas económicas, sociales y económicas, creando, de hecho, las condiciones para revisar los modelos de desarrollo que rigen los gobiernos, independiente de sus ideologías.
Solo hay que recordar la oposición radical del sector educativo a la reforma del sector, que no acaba de sortear el gobierno, los paros sectores agrarios, incluido el cafetero y de entidades oficiales, fuentes de expresión de inconformidad similares al movimiento de los indignados porque el Estado Colombiano se muestra impotentes a las nuevas realidades sociales de este principio de siglo.
El prestigioso profesor chileno Humberto Maturana afirmaba que los planes de desarrollo educativos deberían orientarse en función de los planes de desarrollo de los gobiernos, situación que se aclaró con la división económica de las vocaciones de su país. En el norte, las actividades extractivas de mineral, en el centro, la producción de frutas y vino y, en el sur, el complejo forestal.
Con ese modelo las empresas chilenas han conquistado los mercados de muchos países en el mundo, generando los excedentes que les ha permitido la creación de bancos y solidas inversiones por fuera de su territorio. Sin ser un dechado de virtudes si muestra un alineamiento de propósitos económicos, al cual dirigir los esfuerzos en conjunto.
