Por Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.
El acuerdo final de paz suscrito por los negociadores de la mesa de diálogos de La Habana (Cuba), cobra una gran importancia política y social en la medida en que introduce algunos cambios cualitativos, sin los cuales no será posible superar las viejas condiciones imperantes atinentes al manejo de lo acordado y entre otros aspectos el relacionado con la economía rural y la participación de los campesinos y los trabajadores del campo en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo económico y social acorde con los intereses y necesidades del crecimiento y desarrollo del país, en cuestiones tan importantes como la sostenibilidad alimenticia.
Por supuesto que los avances en esta materia y en otras derivadas de los acuerdos deberán complementarse con la lucha social que libre el pueblo colombiano, la cual no se debe limitar a la simple “acción constitucional” como la única vía para convertir en realidad los cambios contenidos en los acuerdos, sin caer en meras pretensiones reformistas que finalmente se traducen en cambios para que todo siga igual o lo que podría ser peor, para conservar el estado de cosas o regresar al pasado oprobioso y violento que ha vivido Colombia durante varias décadas.
Ahora bien, para que dicho proceso de cambio se desarrolle es preciso emprender un conjunto de acciones que permitan desatar las contradicciones que impiden el avance hacia el cambio, lo cual no implica simplemente mantener y desarrollar los denominados cambios buenos y positivos de los acuerdos y suprimir aquellos malos y negativos con el propósito de embellecer y conservar el régimen de explotación que ha imperado en el país.
Por otra parte no se debe olvidar que los acuerdos, coincidencias e identidades entre el gobierno del presidente Santos, la insurgencia de las FARC-EP y demás sectores sociales, apenas sí tiene un carácter relativo y transitorio, en tanto que la lucha social es absoluta y desempeña el papel principal de todo el proceso de desarrollo de la paz. Lo contrario genera la ilusión de que es posible la “armonía social” que conduce al apaciguamiento y a la atenuación de las contradicciones que entraña el sistema capitalista que nos rige.
De todas maneras las contradicciones que surgen en la vida real y las que se derivarán de la implementación de los acuerdos de paz, tendrán que ser examinadas con un criterio amplio, pero sin caer en posiciones eclécticas, basadas en la unión arbitraria de teorías, opiniones y puntos de vista contradictorios y heterogéneos o dando entrada a los sofismas que inducen a reflexionar sobre aquellos aspectos positivos y negativos de los acuerdos sin profundizar en la esencia de los mismos, quedándose en la discusión de los pro o de los contra, dónde hay que decidir con claridad y firmeza SÍ o NO, sobre lo acordado.
Las discrepancias y dudas tendrán que ser resueltas atendiendo los compromisos en donde se hacen concesiones mutuas tal como ha sucedido en este caso en procura de terminar definitivamente con el conflicto armado y la construcción de una paz segura y duradera con justicia social.
Siempre hemos sostenido que la paz no solo constituye un bien preciado por el pueblo sino la negación de la guerra que se utiliza para hacer política con el fin de conquistar o afianzarse en el poder.
En esta ocasión de lo que se trata es de ejecutar rigurosamente las tareas convenidas por los actores del conflicto y con todos los sectores comprometidos con la paz y por tanto con la sustitución de la violencia fratricida por la construcción de lo nuevo que representa la paz que hoy se convierte en un factor inevitable de nuestro desarrollo, lo que desde luego implica contar con la suficiente claridad ideológica y política para escoger las vías más adecuadas para la transformación de nuestra realidad.
En medio de la lucha por el afianzamiento de la paz los sectores democráticos y progresistas no solo deben denunciar y combatir los embustes y tergiversaciones en torno al suceso de la paz, sino desarrollar las acciones tendientes a generar las condiciones tanto objetivas como subjetivas, ya que de no manifestarse estas de manera concreta y explícita, se estaría causando un daño al proceso de la paz, el cual no podrá desarrollarse sino sobre la negación de la violencia y no simplemente a través de la votación por el SÍ o por el NO durante la jornada plebiscitaria, en tanto que con la terminación del conflicto armado y el afincamiento de la paz tendrán que surgir nuevas formas de participación democrática y de convivencia social, mientras que aquellos que se han beneficiado con la guerra y la violencia no podrán detener el proceso de ascenso de la paz que deja atrás la confrontación armada y afirma la convivencia pacifica como hecho progresivo y profundamente democrático y de gran significación política y social para la Colombia del siglo XXl y las nuevas generaciones del milenio.
Veeduría Ciudadana por la Democracia y la Convivencia Social
El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social