
Redacción ciudad
En una pesadilla para las administraciones se ha convertido la reposición constante del mobiliario público de la ciudad que es hurtado. Esas pérdidas cobran especial importancia cuando es material artístico o hace parte del patrimonio arquitectónica. Así mismo, son pérdidas profundas. Así ha sucedido en la avenida sexta, que en su primer tramo muestra unas columnas desplumadas, casi de puro concreto, que ya no sostienen sus lámparas originales.
Hace más de 15 años se inició una remodelación de la avenida sexta, pensándola como un polo del comercio nocturno. Como tal se emplearon materiales de lujo en su mampostería.
¿Era necesario utilizar mármol? Conociendo como se conocen las mañas de los contratistas y los ajustes de favores de las administraciones no es raro que alguno de los cercanos al administrador de turo haya entrado al negocio del mármol. Por lo que sea, la decisión contravino todo sentido común y toda planificación. Al no poder garantizar, como se ve claramente en las fotos, el cuidado permanente y efectivo de piezas valiosas del mobiliario hay una falla en la planificación del proyecto. Para eso se hacen estudios de factibilidad económica y pre-diseños.


El hecho es que más de 15 lajas han sido hurtadas en los últimos años, cada una con un valor que seguramente es mucho menor al recibido por algunos indigentes que han logrado coronar una. Seguramente hay mafias dedicadas a la sustracción profesional y sistemática de estas piezas de alto valor, que valorizan a la ciudad.
Fue famosa, además, la versión callejera sobre el robo de una de les figuras del Monumento a la solidaridad. Aunque se aclaró, nunca del todo, que esto no había sido tal, si le hizo preguntar a la comunidad sobre su sentido de pertenencia.


La ciudadanía tampoco reacciona
Hace más de un mes pude ver en la iglesia de San Fernando, a un indigente tratando de desprender una de las chapas de la puerta del templo. El lugar está a menos de 200 metros del CAI del estadio, en plena calle 5ta y no eran más de las 11 P.M.
Las personas, por supuesto pasaban y si mucho lo encontraban curioso. La desidia es el primer colaborador de este lento desmantelamiento de todos los activos arquitectónicos de la ciudad. Si ve algo, denúncielo de inmediato a la Policía nacional, la cual está en la obligación de hacer presencia de inmediato. No permitamos que nos dejen en pura obra negra.
