

Por Benjamín Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle, y Profesor Titular (Jubilado) de la misma. Docente en la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, el Taller Internacional de Cartagena y la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá, e Isthmus Norte, en Chihuahua. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona.
Para la mitología griega el Olimpo era el hogar de los dioses y a partir de su fama la palabra significa, en español, lo más alto entre lo más alto, y por eso en nuestros dos cerros se pusieron las Tres Cruces y el Cristo Rey. Si hay sin duda algo bello en Cali, aparte de sus espectaculares Farallones, que lamentablemente cada vez se ven menos por la contaminación, son sus cerros, los que presiden la alta cordillera que flanquea la ciudad, e igualmente la vegetación que en este clima cálido y húmedo es muy exuberante y en extremo variada.
No son muchas las ciudades alrededor de un cerro tan majestuoso como el de Las Tres Cruces, ni Bogotá con Monserrate y Guadalupe, Caracas con su Monte del Ávila, y en Paris hasta se podría prescindir de la colina de Montmartre. Solo Barcelona con el Tibidabo, Panamá con su Cerro Ancon, San francisco con sus Twin Peaks y, claro, Rio de Janeiro con su Pan de Azúcar y El Corcovado, y Hong Kong, todas al lado del agua. Porto, Lisboa y Estambul, ya son otra cosa. Cali no está junto al agua pero si junto al amplio valle del río Cauca, en donde todavía el verde es de todos los colores, como le cantó Aurelio Arturo a su Nariño natal.

Buena parte de la ciudad está a los pies del cerro de Cristo Rey o rodea la ladera baja del de las Tres Cruces, por lo que la presencia en ella de los dos cerros es inevitable. Como pasa al final de muchas calles, por ejemplo en la Calle Quinta, viniendo del sur, que se encuentra espectacularmente de frente con el de Las Tres Cruces, que desde esa perspectiva se ve en toda su imponencia y belleza, pero por pura casualidad pues cuando se extendió Cali nunca se diseñaron a propósito avenidas que los tuvieran como remate.
Además, la vegetación ha sido arrasada en los cerros, y durante el último medio siglo se dejó tapar poco a poco la vista hacia ellos con edificios innecesariamente altos y de horrendas culatas que se "cubren" con propagandas mentirosas. Y hoy en día nadie en Cali parece mirarlos, teniéndolos en las narices, y, para rematar, ahora la Justicia, que como se dice es ciega, permite mas construcciones desmesuradas y abusivas que los tapan aun mas junto con la brisa fresca que desciende por ellos al caer de la tarde, cuando el cielo se llena de colores.

Lo que evidentemente no vio o, mejor, escogió no ver ni sentir, un Juez, por lo que avaló la atarbaneria de un edificio en la ladera cuya licencia de construcción había sido revocada por incumplir con normas urbanísticas, comportar un peligro para la ciudadanía y una grave afectación a la zona. Uno mas de una barrera de edificios de apartamentos que se venden a gente ingenua para que miren la vista del valle, mientras les construyen enfrente, y les interrumpen a los demás, es decir a todos, el panorama de los cerros.
Juez que no toma en cuenta el cumplimiento de las normas vigentes, ni su espíritu y objetivos, sino que se centra ciegamente en el procedimiento de la revocatoria, mediante imprecisiones jurídicas. Y eso que tiene el “caso” a la vista mientras la “constructora” sigue destruyendo el ambiente. ¿Será que nunca habrán leído a Aurelio Arturo? Si a golpe de tutela se van ha obtener las licencias de construcción, la Subdirección de Ordenamiento Urbanístico no tendrá nada que hacer para defender la ciudad.
