*Héctor de los Ríos
Vida nueva
Un distintivo del discípulo de Jesús:
La gratitud
San Lucas 17,11-19
(San Bernardo de Claraval)
“Levántate y vete; tu fe te ha salvado”
Dentro de los diez capítulos que el evangelista Lucas le dedica al viaje de “discipulado” de la comunidad de Jesús, con el Maestro a la cabeza, con la meta en Jerusalén, encontramos solamente: (1) el de la mujer encorvada, (2) el del hidrópico y (3) el de los diez leprosos. Hoy leemos este último.
El énfasis del texto no está en el mostrarnos una vez más la habilidad de Jesús para hacer milagros, sino en una fuerte enseñanza sobre la gratitud. Que Jesús cure los leprosos ya lo había dicho el evangelio desde el comienzo, más aún, esto fue presentado claramente como un signo evidente de la realización del programa mesiánico de Jesús: “Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios…”
Entonces el tema dominante de hoy es la gratitud: en breve se cuenta que después de la curación solamente un samaritano –despreciado por los judíos como extranjero y hereje- sintió la necesidad de regresar y postrarse a los pies de Jesús para agradecerle. Es curioso que la mitad de un relato de milagro sea para contar cómo se dan las gracias y lo que esto implica.
Al final de la historia, Jesús, en calidad de Maestro, plantea tres preguntas para que los lectores saquemos nuestras conclusiones. Tenemos así un relato que pretende hacernos reflexionar seriamente.
Tomó la palabra Jesús y dijo: “¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?” Y le dijo: “Levántate y vete; tu fe te ha salvado”