*Por Héctor de los Ríos
Este domingo celebramos la Jornada Mundial de las Misiones. En el mensaje con esta ocasión y nos propone como tema de reflexión: “La caridad, alma de la misión”. La misión, si no es orientada por la caridad, es decir, si no nace de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a una mera actividad filantrópica y social.
-Toda comunidad cristiana está llamada, pues, a dar a conocer a Dios que es Amor. Dios impregna con su amor la entera creación y la historia humana. El amor, que sigue siendo la fuerza de la misión, y es también el único criterio según el cual todo debe hacerse y no hacerse, cambiarse y no cambiarse. Es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender.
-Ser misionero significa, pues, amar a Dios con todo lo que uno es, hasta incluso, si es necesario, la vida por Él. ¡Cuántos sacerdotes, religioso, religiosas y laicos, también en este tiempo actual, le han rendido el testimonio supremo de amor con el martirio
-Apoyemos la labor misionera de la Iglesia. Siendo generosos con nuestra ofrendas y oraciones y sintiéndonos como bautizados a ser misioneros o sea a lleva con cohonestar vida y ejemplo la Buena Nueva de la Salvación a todos los hermanos.