Vida Nueva
Por P. Héctor De los Rios L.
30 domingo del tiempo ordinario
San Lucas 18, 9-14: «El publicano bajó a su casa justificado; el fariseo, no»
Con frecuencia, por el hecho de ser creyentes practicantes, corremos el peligro (o sufrimos la tentación) de creernos mejores que los demás. La Palabra de hoy, con la parábola evangélica del fariseo y el publicano, nos va a prevenir contra esta tentación.
El texto sapiencial de la primera lectura recibe iluminación de la parábola evangélica sobre la oración del fariseo y del publicaría. Así descubrimos qué significa, en la Sagrada Escritura, hablar de los "pobres" y de los "desvalidos". Dios se manifiesta como el protector del pobre, del huérfano y de la viuda, ejemplos del desamparo. El orgullo y el dinero no engendran confianza en Dios. Frente a las injusticias humanas, el autor resalta la justicia divina, justicia que según la mentalidad judía, va más allá de lo puramente equitativo.
Es interesante advertir el total paralelismo existente entre la frase que sirve de título a la primera lectura: «Los gritos del pobre atraviesan las nubes» y la antífona del salmo responsorial: «Si el afligido invoca al Señor, El lo escucha». Lo que el Sabio decía como afirmaciones, el salmo lo transforma en alabanza al Señor. Todo el conjunto nos va llevado a delinear la situación espiritual del «pobre».
San Pablo prevé su muerte inminente, y piensa en su significado. Sus pensamientos son un buen criterio de la verdadera actitud hacia la muerte. Es un texto de una gran intensidad dramática, evocadora de la experiencia personal del Apóstol, que se halla en una situación de extrema «pobreza»: «Todos me abandonaron». Y, no obstante, él verifica las afirmaciones del Sabio y del salmista: «Pero el Señor me ayudó y medio fuerzas…¡El me salvará…!»
«El publicano bajó a su casa justificado: el fariseo, no». El objetivo de la palabra queda claro en función de los destinatarios: «algunos que teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos, y despreciaban a los demás». Más que una parábola sobre la oración en concreto – que también lo es, evidentemente- se trata de una parábola sobre las actitudes del hombre ante Dios, expresadas en la oración. La parábola del recaudador de impuestos y del fariseo. ofrece algunas lecciones morales que podemos sacan:
Primero: Ser santo no es ser ritualmente perfecto y lleno de rectitud, sino amar a Dios y dejar que él nos ame. Segundo: La humildad es mejor que la perfección humana; Dios no puede resistirse a la oración del humilde.
Tercero: La comparación con los demás es inútil. La única comparación sana es entre nosotros y Cristo.
Cuarto: La religión no es en primer lugar lo que yo hago por Dios, sino lo que Dios ha hecho, hace y hará por mí.
Algunas preguntas para pensar durante la semana
1. ¿Lucho contra mi tendencia a compararme con otros?
2. ¿Confío en el amor de Dios, a pesar de mis pecados, errores y fa