
Por Benjamín Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.

Desde las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki en 1945, son varias las veces que se ha estado al borde de un desastre nuclear, como lo señala Noam Chomsky (¿Quién domina el mundo?, 2016, pp. 285 a 295), el que cada vez está mas cerca y que cada vez sería peor: el Apocalipsis lo llama Chomsky. Y mientras tanto el trastorno climático, como propone que se lo nombre el arquitecto Harold Martínez, sigue avanzando cada vez mas hacia un desastre climático.
Por otra parte Estados Unidos es el único país que ha utilizado armas atómicas, mas el peligro es que ya no es el único que las tiene, pues se le sumaron la Unión Soviética (ahora Rusia), Francia, el Reino Unido y China, los denominados Países Nucleares, y además hay otros estados poseedores de armas nucleares como India, Pakistán, Corea del Norte y muy probablemente Israel, o con las tecnologías necesarias para obtenerlas como Irán, e incluso Brasil ha intentado construir una bomba atómica.
Como es lo natural en la historia de la humanidad, es un futuro causado por un pasado inmediato dominado por Estados Unidos desde que salió triunfador en la Segunda Guerra Mundial. Gobernando siempre a partir de unos principios y valores centrados en proteger su sector empresarial, incluyendo el de las armas y el de los automóviles, tan vinculadas aquellas a la guerra y estos al trastorno climático, pues business is business y time is money. Pero que igualmente produce gentes valerosas como Noam Chomsky.
Un pasado que coincide con la aceleración del crecimiento demográfico en el planeta y por ende de las ciudades en el, y en consecuencia las mas amenazadas en el futuro inmediato pues en ellas esta concentrada mas de la mitad de los habitantes del mundo. Tanto, que como bien lo dice José Rodríguez Castro ante su acelerado crecimiento en todas partes cabe preguntar si el concepto continuara vigente pues sus funciones se han modificado o sustituido, escapando al escrutinio académico (www.ref.pemex.com/octanaje/27fut.htm).
Las ciudades son las primeras victimas del fundamentalismo, el terrorismo y las guerras actuales, como nos muestran todos los días en el caso de la del Oriente Medio, con Alepo cada vez mas destruida, la que contaba con cerca de 2.132.100 habitantes, es decir un poco menos que Cali. A lo que se suman los grandes monumentos de la humanidad igualmente destruidos y que la inútil ONU solo se contenta con calificarlos como “actos de guerra” (http://www.codigonuevo.com/19-preciosos-monumentos-destruidos-por-la-guerra/).
A la pregunta de Chomsky “¿qué principios y valores gobiernan el mundo?” (p. 318) Hilary Clinton ya contestó: mantendría los actuales acuerdos comerciales para incentivar una economía global, es decir, para lo mismo que propone Trump: la hegemonía de Estados Unidos. De hecho los TLC, tan del interés del gobierno colombiano y de ciertos empresarios para el “desarrollo” de las ciudades, son, como muchos productos del campo, a favor de Estados Unidos.
Y la realidad es que aquí ya se comenzaron a traer estrellas internacionales de la arquitectura, o ni siquiera, ya sin muchos encargos debido a la “burbuja inmobiliaria” pasando por alto que si hay algo que no se deba globalizar es la arquitectura, la que en primer lugar se debe a los diferentes climas, paisajes y tradiciones, tan bienvenidos en un pasado idílico pero cuyo futuro está cada vez mas amenazado, no quedando mas que pasar el día; CARPE DIEM decía Horacio (Odas, I, 11).