Con un discurso grandilocuente el presidente Trump asumió el poder presidencial con una crítica a la clase política a la que sindica de hablar mucho y no hacer nada en favor de los estadounidenses abandonados a su suerte por una nación que debe existir para servir a sus connacionales, cuya situación debe superarse a partir del desarrollo de nuevos frentes de trabajo internos (construcción de carreteras, puentes, viviendas, etc.) y el fortalecimiento de la producción industrial y de servicios, todo ello pensando “primero en los Estados Unidos”, lo cual debe despertar “el orgullo y el patriotismo del pueblo norteamericano”, en una clara alusión de exaltación de los sentimientos nacionalistas y populistas, con los cuales se busca alentar la esperanza del cambio social, que en el fondo busca recuperar el modelo capitalista de la crisis neoliberal que ha dejado a miles de trabajadores sin empleo y a vastos sectores de la clase media en la pobreza, como consecuencia del debilitamiento de la producción y de la actitud asumida por varios empresarios que en busca de máximas ganancias y menos costos laborales y tributarios se trasladaron a otros países y regiones del mundo capitalista globalizado. Al respecto se prevé que el gobierno de Trump imponga nuevas condiciones y regulaciones en materia tributaria y laboral a dichas empresas por la venta de sus productos en el mercado norteamericano en busca de obtener nuevos recursos, dirigidos en buena parte a conjurar el enorme déficit fiscal de la nación y a obtener empleos porque según sus palabras “los políticos han prosperado pero los puestos de trabajo se fueron y las fabricas se cerraron”, además de que “Washington floreció pero la gente no comparte su riqueza”.
Por lo demás el discurso de Trump recalca su promesa de realizar en materia de política exterior nuevas alianzas dirigidas a lograr beneficios de carácter económico, político y militar, respecto de los cuales no hizo ninguna mención específica respecto de algún país en especial.
Ahora bien, esta claro que el señor Trump no podrá modificar a su antojo aquellos aspectos ya consolidados del régimen, ni revertir el proceso de internacionalización de la economía en que se fundamenta la globalización neoliberal, que por lo demás atraviesa una crisis generalizada, como tampoco podrá acabar con la pobreza y la desigualdad social en que se encuentran sumidos grandes sectores de la población estadounidense.
Por supuesto que dado el talante autoritario del señor Trump y su concepción ideológica es previsible que durante su mandato se produzcan cambios, muchos de los cuales afectaran los intereses de amplios sectores de la sociedad y de un sinnúmero de capitalistas, generándose múltiples enfrentamientos y contradicciones que profundizaran la crisis del modelo neoliberal y de la propia democracia liberal, tras de la cual se oculta el poder económico del gran capital. Con los cambios de paradigma es probable que las fuerzas políticas y sociales de estirpe democrática y progresista que hoy se encuentran a la ofensiva, no puedan ser acalladas ni excluidas de la lucha por sus derechos y libertades ligados a sus intereses y necesidades mas sentidas desde el punto de vista social e individual.
Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social
El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social
