*Mario Germán Fernández de Soto.
Con la zozobra de un paro de camionero, sometido al capricho de algunos camioneros, sumando a los embates de la naturaleza que se presentan de manera inesperada, en cualquier momento Colombia queda incomunicada. Y en veremos la movilización de la carga, que nos haría más competitivos.
Desde que ejercía como director del Sena, en la regional del Valle del Cauca y ya como presidente de la Asamblea, seguí insistiendo en la necesidad de fortalecer el ferrocarril, como alternativa más eficaz y eficiente para el transporte de carga. Los altos costos generados por el transporte del modo carretero, además de los inusitados riesgos geográficos, nos sitúa en un alto nivel de atraso. Y así lo ratifica el Banco Mundial, en su informe anual que presentará a la comunidad internacional en abril próximo. Veamos, la entidad advierte el continuo rezago del país, pues en comparación con 160 naciones que integran la Alianza del Pacífico, Colombia ha perdido 35 escaños. Esto, por supuesto, ha ocasionado un incremento de los costos del transporte, estimado entre el 3% y el 46 % de tiempo adicional empleado en la exportación de mercancías.
Por eso mismo, me adhiero a la iniciativa del investigador Gonzalo Duque Escobar, de la Universidad Nacional, sede Manizales, quien luego de minuciosos estudios determina que el ferrocarril cafetero es la salvación para el desarrollo vial del país. El modelo transitaría entre La Dorada (Caldas) e Irra, corregimiento de Quinchía, también en Caldas, permitiendo la articulación de la Región Andina, pues supondría una salida directa de carga a Urabá y Buenaventura. Esta propuesta representanta, además la esperada unión de los dos mares en el nuevo escenario del transporte intercontinental.
Iniciativas de este tipo contribuyen a que Bogotá y Cundinamarca, a través de la hidrovía del Magdalena, reduzcan sus fletes al Caribe en un 40 %. Adicionalmente se propone extender el sistema férreo a lo largo del Cauca y del Atrato, y desde el Altiplano hasta las hidrovías del Meta y del Magdalena, en La Dorada. Toda una revolución en el transporte de cargo intermodal y no multimodal, como se había propuesto hasta el momento.
