
Por Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.
factor generador de asentamientos irregulares y subnormales hacia los centros urbanos latinoamericanos.
El desplazamiento de poblaciones rurales hacia la ciudad, en los últimos sesenta años, es y ha sido un importante factor generador de asentamientos irregulares y subnormales hacia los centros urbanos latinoamericanos.
Las “favelas” brasileras, de la década de los años cincuenta, poblaron las ciudades, convirtiendo los cerros de Rio de Janeiro en testigo representativo de un nuevo panorama urbano. Capitales latinoamericanas, como Quito, Caracas, Lima, Bogotá, entre otras, han tenido que afrontar el reto de normalizar los asentamientos de las zonas invadidas.
Cali, el más importante centro urbano del occidente colombiano no ha sido excepción. Dos fenómenos naturales, un terremoto y un maremoto (1979), azotaron y devastaron el litoral pacífico, especialmente las poblaciones nariñenses, a finales de la década de los setenta, impulsaron y forzaron un éxodo masivo hacia la ciudad.
En el perímetro urbano oriental, ribereño al Rio Cauca, existía una madre vieja o antiguo camino del rio, que la naturaleza usaba y ocupaba en épocas de lluvias desbordando su cauce y amortiguando sus excesos en aquellos lechos secos. La CVC había construido un jarillon protector sobre la margen izquierda del rio y EMCALI había adoptado los humedales conocido como “Lagunas del Pondaje y Charco Azul” generando grandes espacios receptores de aguas de inundación, en el sector agrícola conocido como Distrito de Aguablanca.

Fue precisamente aquí, en esta zona, donde el desplazamiento del pacifico encontró el lugar propicio para invasiones, pese a su precaria situación de habitabilidad. La clase política descubrió una oportunidad de lucrarse electoral y políticamente de este fenómeno, impulsando invasiones, prometiendo regular el asentamiento subnormal una vez elegidos.
La zona de ladera tampoco fue ajena al fenómeno invasivo. Terrón Colorado, Siloé, Los Chorros, fueron los primeros ejemplos de invasión, sucedidos por cientos de otros barrios que hoy avasallan asentamientos subnormales, en zonas declaradas de peligro inminente por inestabilidad de sus suelos y potencial derrumbamiento catastrófico.
La población de Cali creció inusitada y desorganizadamente de uno a tres millones de personas en cuarenta años. Los exiguos recursos del erario municipal, sus institutos descentralizados, utilización de transferencias de la nación y aportes del sector privado fundacional unido han sido destinados a solventar la problemática urbana, el negativo impacto socio-económico, laboral y deterioro de la seguridad que el fenómeno conlleva, en menoscabo de la inversión en modernización de infraestructura vial, escolar, salud, seguridad y servicios que requiere el resto de la ciudad.
Se perdió la cultura cívica ciudadana. Se fortaleció la anarquía, desorden e irrespeto a la autoridad.
Recientemente, en plena época electoral, invasiones piratas, motivadas, instigadas y promovidas por bandas delincuenciales, intentaron invadir el bello paraje natural de protección medio ambiental conocido como el “Cerro de la Bandera” y el espacio público del corredor férreo del sur de la ciudad.
una ciudadanía hastiada de seguir siendo ultrajada por la delincuencia, acompañada de admirable acción policiva, militar y decidida política municipal de hacer respetar el espacio público
Esta vez las pretensiones fueron enfrentadas por una ciudadanía hastiada de seguir siendo ultrajada por la delincuencia, acompañada de admirable acción policiva, militar y decidida política municipal de hacer respetar el espacio público y el consecuente deterioro de la seguridad física de la ciudad.
Brilla, ante la apremiante situación, el fracaso de varias administraciones de la Secretaria de Vivienda, convertida en directorio político, en vez de aportar la solución a más de 120 mil soluciones que la ciudad requiere con planes y proyectos de vivienda prioritaria y de interés social.
La ciudad no soporta la invasión de su espacio público. Unidos hacemos la diferencia.
