Redacción
Lo que pasó el 11 de marzo se repite cada cuatro años y nuestra frágil democracia no le hace caso. Es una excesiva abstención, no participación de los ciudadanos en las elecciones, como producto de la pereza, el rechazó al sistema o simplemente el rechazo a los políticos. El Congreso ha demostrado ampliamente que no es capaz de auto reformarse, ni menos liderar una verdadera reforma política, que cambie las estructuras del país y podamos avanzar en la búsqueda de un país moderno, civilizado y altamente desarrollado por lo menos en lo político.
Pero como no es así, reiteramos la solicitud de que sea una Asamblea Nacional constituyente.
De los 36.493.318 ciudadanos aptos para votar, tan solo lo hicieron 17.818.185, y si a esto se le suman los tarjetones no marcados y los votos en blanco (835.445 y tarjetones no marcados 871.444), nos da la triste cifra de 20.238.000 ciudadanos, que no marcaron por ningún candidato, o prefirieron votar en blanco o no fueron a los centros electorales.
Indudablemente esta escasa participación obliga a que los ciudadanos se pronuncien sobre el cambio institucional que tiene que dar Colombia.
Esto es una democracia muy débil y las causas son muchas, ante todo la desigualdad social, el desempleo, la informalidad laboral, la falta de formación, educación cívica, la ausencia de información de los ciudadanos sobre lo que hace el gobierno y los partidos políticos, desconfianza de la comunidad en el Estado, y ante todo no entender que en el voto, se aplaude o se castiga a un gobernante y por ello debe participar.
No hay que temerle a una Asamblea Nacional Constituyente
Son múltiples las razones que llevan a los ciudadanos, a pedir un cambio político en Colombia, ante la inoperancia en este sentido del Congreso la República. El elegido actualmente, en la práctica tiene la misma composición de los anteriores, donde hay una mecánica política, que se impone por encima de las personas y de los partidos. Esta reforma política debe estar acompañada de una reforma a la justicia, a la participación electoral, de tal manera que se pueda proyectar una estructura jurídica colombiana, que le dé mayor solidez a nuestras instituciones Republicanas. Lo que estamos pidiendo es la reforma a los tres pilares de la democracia:
- El Congreso, que es el legislativo.
- La justicia.
- El mismo gobierno que a través de la mermelada y los puestos, acaba con la democracia.
Y si a esa asamblea nacional constituyente, se le da la facultad de darle la solidez jurídica al proceso de paz que se hizo con las FARC, de tal manera que todos los partidos se puedan poner de acuerdo en un gran consenso nacional, alrededor del tratamiento que debe tener las FARC, sería algo muy importante para la democracia colombiana, de tal manera que podamos superar esa división, después de los daños tan grandes que hizo este movimiento guerrillero en el país.
Quiera Dios que el nuevo Presidente de la República, nuestros principales dirigentes, se iluminen, a buscar el gran cambio en las instituciones públicas colombianas.
