Por Héctor De los Ríos L.

Entramos en Cuaresma y en San Marcos los cuarenta días como número bíblico poseen un rico sentido: significa el tiempo de prueba, de tentación, de toma de conciencia y de preparación para anunciar el Reinado de Dios. El término tentación-prueba, muestra cómo el espíritu del mal pone a prueba la fidelidad de Jesús al camino trazado por el Padre. Pero allí se proclama la victoria de Jesús: Vence la violencia opresora pues él trae la paz, allí donde una humanidad nueva es capaz de solidaridad, de servicio y de amor en la historia. (San Marcos 1, 12-15. Evangelio del 1 domingo de Cuaresma)
La primera tentación es la del pan. Jesús tenía hambre después de cuarenta días sin probar bocado. No parecía que hubiera nada malo en convertir alguna piedra en un pan. Sin embargo, Cristo nos sale con una respuesta sorprendente: “No sólo de pan vive el hombre”.
Esta idea del espíritu del mal se nos ha ocurrido a nosotros muchas veces: que estas piedras se conviertan en panes…, que este mundo, esta vida, se conviertan en un festín para nuestros sentidos… Cuántas veces nuestros ideales, nuestros sueños no pasan de tener un hermoso auto, una buena colección de vestidos y joyas, el ganarme una lotería…?
Como Jesús debemos contestar no es solo materialismo, no es solo pan. Hay otros ideales, otras preocupaciones… Y la Palabra de Dios abarca todos los problemas de la vida y de la sociedad… y llega más allá del universo.