En las principales metrópolis del mundo, grupos de ciudadanos trabajan en huertas comunitarias urbanas donde cosechan vegetales y flores. La Guerrilla Verde.
Por José Antonio Aguilera B.
Contador – Abogado

Las guerrillas verdes una organización que protege y apoya a todos los movimientos verdes que se van generando para hacer más vegetal el planeta. Con una combinación entre organización, curso para educar, hacen coaliciones y grupos que tanto pintan murales para embellecer la ciudad como buscan recuperar terrenos baldíos para hacer de ellos huertas públicas y plazas. Espacios hay, es lo que dicen basta saber qué hacer con ellos y comenzar.
El origen de guerrillas verdes dio en los años 70 cuando un grupo de artistas, liderados por Liz Christy, vio que en la zona este del bajo Manhattan habían verdaderas parcelas llenas de maleza, donde de a poco se reunía basura y se daba la delincuencia. Comenzaron con uno de estos espacios y lo convirtieron en un vergel que aún hoy existe en la ciudad de Nueva York, junto a más de 700 jardines comunales inspirados en esta acción.
El movimiento de los Guerrilleros Verdes, crece por el mundo. Como el crimen organizado en versión verde se contagian los jardineros y entusiastas a través de blogs y sitios web expandiendo sus ejércitos. Su aporte a la remodelación de espacios urbanos es creativo y consiente, saben dónde y qué plantar pues, salvo raras excepciones, el verde que ofrecen al público se planta para que perdure.
Los guerrilleros verdes trabajan el suelo de veredas y plazas a toda hora, a veces los persigue la policía, a veces los invitan los alcaldes para realizar un evento masivo. Son ciudadanos que decidieron intervenir, tras observar con ojo crítico el mal uso de los suelos y la falta de verde en las urbes. Como en todos los grupos armados, hay guerrilleros más extremistas que otros, pero la unión de base es una: traer vida al pueblo. Critican las plazas de flores anuales que se riegan en abundancia y se rocían de pesticidas, abogan por los árboles frutales en espacios públicos, las veredas con hortalizas y el rescate de los árboles de navidad vivos antes de que mueran. La clave es algo así como “menos rosales más calabazas” y a eso se dedican, con sus “bombas de semilla” inspiradas en Fukuoka, salen a tomarse los sitios eriazos y los bordes de camino para que crezcan y se cosechen las verduras que cada bomba verde contenga.
Como en todo movimiento urbano, la idea es que los grupos o individuos se organicen solos, que al caminar por la ciudad no puedas evitar la tentación rebelde y generosa de sembrar trébol en la base de un árbol regado de colillas o de llenar de flores un bandejón abandonado y que casi sin darse cuenta, más personas adopten la causa y se conviertan en guerrilleros verdes en la ciudad.
En Cali debe llamarnos la atención de esta idea de las guerrillas verdes es una iniciativa generosa. Pero, como no conocemos a ninguna cuadrilla verde, aun en nuestra ciudad capital del cielo, les recomiendo a los lectores que comencemos montando una propia, invitar a los vecinos, amigos y toda la comunidad en general, así sea reducida, para intentar repoblar una pequeña franja de terreno junto a nuestras casas y estén baldíos o abandonados o nuestros parques donde juegan nuestros hijos. Armados con una zoleta, un rastrillo, una pala de jardinería y una bolsa de semillas que se pueden obtener en los supermercados a unos costos económicos vahos, pero que llenaran el alma de ver crecer estas semillas y darle aire más puro a nuestros pulmones de la capital contaminante. En apenas dos horas, se puede iniciar esta guerrilla verde retirado las latas, botellas y desechos que se acumulaban en el terreno escogido, y sembremos al azar, para que la naturaleza haga luego su labor selectiva y germine lo que deba y pueda germinar allí. Sé que es apenas nada, un gesto insignificante y quizás inútil. Pero esa noche soñemos en conjunto con un bosque frondoso donde jugaban los niños del futuro.