Por Lorena Botero Carvajal

Pareciera que el bongó, las maracas, las tamboras, cununos, guazaes y marimba ponen a vibrar la piel. Tanto blancos y niches caen tendidos a los pies del sonido prodigioso de estos instrumentos. La cadera, elemento erótico de tradición, viaja por la calle del pecado, trayendo consigo vuelos alucinógenos, estados de pena absoluta o pura euforia. Contactos eróticos de una noche besan la morada de los transeúntes, la carrera cuarta se convierte en el escenario de diversión donde viajeros sonrientes disfrutan de un sonido particular: la voz de sus recuerdos les habla y el Atrato aparece de repente. La mujer con su figura, una tentación al mendigo nocturno. Las caricias prohibidas de una Diosa en cuerpo negro. La maravilla hecha carne y el hombre, caído a sus pies, un poco débil y tal vez lleno de los prodigios de la planta sagrada. Ahora sí que la Diosa es real, la tiene en frente y se hacen uno solo en frente del hotel La Americana, sin importar las miradas incrédulas de los prejuiciosos callejeros. Una combinación de amor pasajero y pura alucinación. Todo se mueve a un mismo vaivén: “meté la mano, saca y huelé”.
La marimba alborotá y con su fuerza, involucra sustancias, involucra penas, amores tardíos, los que fueron, los prohibidos y los que vendrán. Coca, marihuana y café, como dicen sus letras. 13 potencias, tumba catre, 7 polvos y arrechón, los necesarios para alborotar las caderas. Kilelé, una recocha que acude a otros ingredientes: Cigarrillo, cerveza, tacos pisados, condones, todo sobre una misma cera: la basura al día siguiente de la carrera cuarta.
El Petronio, un evento que con su música incita al erotismo, a las noches locas, a los amores temporales, a los besos prohibidos, las caricias deseadas y la pasión encarnada. Señores dispuestos a pagar cualquier precio por su Diosa negra: La de las caderas grandes y las colas paradas. Unos cuerpos prodigiosos que solo se encarnan en esa piel.
“Vea mami, aproveche y lleve la 13 potencia”. Bastó tan solo esa palabra: 13 potencias para que mi atención se centrara en esa mujer robusta de tez morena.
“La 13 potencia es lo que usted necesita mami y eso que no ha probado el 7 polvos”. Nada que hacer, esa forma de capturarte, tan única en estos morochos. Dan ganas de ir más allá de unos pesos y ponerte a votar corriente.
Votando corriente, me di cuenta que la agraciada mujer venia de Guapi y además de tener una destreza única para intentar vender los 7 polvos y la 13 potencia, era una asistente más que se gozaba su rumba. Lo dijo muy clarito:
“Ay mami, si usted está pensando en comprarme mañana, pues que tristeza porque no me va a encontrar. No ve que yo también me enrumbo. No todo puede ser trabajo”. Ahora, a juzgar por la veracidad de sus palabras: No se si lo dijo con el afán de ganar una compra más en esa noche o simplemente porque de verdad lo siente así.
Tumbacatré, arrechón, revidurax y vinete son las palabras que suenan en las voces de los morochos que caminan ambulantes entre los blancos, negros y niches criados con el viche. La ciudad en sí se viste de un solo color: Negro.
El teatro al aire libre Los Cristales, el Coliseo del Pueblo, el estadio olímpico Pascual Guerrero y ahora las canchas panamericanas, son los sitios que han formado historia de la gozadera pacifica: Pañuelos meneándose al compás de la marimba y un sin numero de colas afrodisiacas que ponen a tentar a cualquier ateo, son el rastro fiel del Petronio Álvarez que hoy, en su XVI edición se arriesga a una cancha de futbol, contigua a la liga de patinaje, un espacio propicio para el meneo de caderas grupales, donde todos se unen bajo una misma coreografía, una misma piel y un mismo himno: “Meté la mano, saca y huelé”.