
Por Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.

Después de una agotadora temporada recorriendo las más escarpadas cumbres en los circuitos ciclísticos de Francia y España, Nairo Quintana, registró el mejor año de su carrera deportiva.
En la prestigiosa y ambiciosa justa francesa del Tour de France alcanzó un merecido y luchado tercer lugar, a pocos segundos de ventaja del australiano Yates. Semanas después logró la hazaña de conquistar y coronarse, después del triunfo del Lucho Herrera, veintinueve años atrás, campeón de la Vuelta a España. Venció en combatida competencia al keniano, en representación de Gran Bretaña, Chris Froome, considerado el mejor ciclista de la actualidad.
Su sencilla y radiante sonrisa en los podios llenó Latinoamérica, Colombia y su natal región campesina de Boyacá, otrora escenario de la lucha independista de España bolivariana, de orgullo patrio nacional y gozo compartido por millones de seguidores.
Pocos días después, con la humildad y sencillez que lo identifica, alejado de consabidas celebraciones y cubrimiento mediático, tomo la decisión de viajar a Colombia, para celebrar su triunfo discretamente con los suyos, mostrando la virtud, principios y valores inculcados por sus progenitores con profundo amor al más preciado bien, la familia.
Compró, de su propio peculio, tres tiquetes aéreos en la ruta Madrid-Bogotá, en clase turista, sin aspavientos ni pretensión de indiscutible líder deportivo mundial. Tan solo cuando abordaron, la aerolínea, en justo reconocimiento, esta otorgo beneficio de mejorarlos a clase ejecutiva. Aterrizó en Bogotá, como cualquier otro pasajero, recibido en improvisada calle de honor, por los afortunados empleados de la aerolínea y el terminal aéreo, atestiguando la más autentica lección de humildad, la reina de todas las virtudes.
Este bello ejemplo de nobleza, bondad y modestia, contrastó con la actitud triunfalista, envenenada soberbia, presunción y petulancia del líder guerrillero, Rodrigo Londoño Echeverri, camuflado bajo los alias de Timoleon Jiménez o Timonchenko. Llegó en avión privado, posteriormente transportado en helicóptero a los llanos del Yarì, en compañía de los integrantes del secretariado de las FARC-EP, para celebrar la Decima y última conferencia, antes de la dejación de armas, del grupo terrorista.
La insaciable sed mediática aportará 300 medios de comunicación nacionales e internacionales para cubrir la refrendación, por parte de las FARC-EP, a los acuerdos de paz firmados por el gobierno y el grupo armado, concluyendo que como aún nada está acordado, es insubstancial e inocuo el plebiscito fijado para el 2 de Octubre.
La soberbia del grupo alzado, enceguecido por el efímero poder conquistado en la mesa de diálogos de paz de la Habana, en cabeza y representación del cardiólogo Londoño, se pondrá a prueba en estos días, en su capacidad de ofrecer disculpas por las equivocaciones cometidas por más de medio siglo de conflicto, reparación a sus víctimas y construcción en paz de una equilibrada y democrática Colombia.
“Casi todos podemos soportar la adversidad, pero sí quieres probar el carácter de un hombre, dadle poder” Abraham Lincoln