Por Enrique Omar Trujillo Peralta
En este cuarto artículo, se puede profundizar la idea enunciada en el anterior cuando se dijo: “Para pensar entonces por sí mismo, sin miedo y superando el sufrimiento hay que individualizase de la masa, de la muchedumbre y auto-reflexionar en la trampa de la identidad.” Donde se cree que puede llegarse a una condición de dura identidad sin cambio como parece que fueran las rocas y cristales, porque recibieron condiciones de temperatura y alta compresión, quedando como si se resistieran a mudar de estructura y composición mental, pero no, eso no es así. En el universo todo se transforma, se mantiene en movimiento, A nunca puede ser igual a A siempre, tampoco igual a sí misma. La concertación de paz es un abrirse a un nuevo mundo, es un preludio de visión a una nueva cultura, a una vida y modo diferente. Se viene ahora el sentido calculador del colombiano para aprender a definir su futuro así hayan amenazas y obstáculos. Esta entrada atemoriza a unos, a otros los entusiasma, no han de faltar los que no hacen presencia sobre lo que está pasando y así, habrá quienes ya tienen previsto lo que les puede pasar, no obstante piensen en la incertidumbre del futuro y lo que serán, según se dé el nuevo mundo de amenazas, sobre todo para quienes han estado en el conflicto. Se pone en riesgo el equilibrio ideológico de las personas: su conciencia de ser uno, su identidad.
En unas circunstancias y ambiente donde la estrategia del rumor dañino, envilecido, donde hoy los medios facilitan que cualquiera se exprese con lenguaje soez y terrorista estimulan el sentido de protección con locuciones amenazantes reiterando lo que está pasando en Venezuela, y la identidad es no desmembrarse, ser colombiano, inconscientemente mantenerse unido así mismo, no precipitarse con el sí a ese abismo que se coloca frente al Yo como espejo. El querer ser(estar vivo y protegido a futuro) es la negación de la paz. No se da la posibilidad creativa del ser, de que otros tangan la posibilidad de nuevas cualidades: de ser otro.
Esta parece ser la estructura en que se ubica cerebralmente cada ser humano en la vida y cuando adquiere conciencia: en un ideal (ser otro mejor) mantenerse en unidad o integridad consigo mismo (identidad) y defenderse del entorno amenazante (las circunstancias). A futuro también se puede correr el riesgo (con el Sí o con el No) porque las contradicciones del país se pueden profundizar políticamente, más aún cuando se han podido despertar falsas expectativas que no se podrán cumplir. Surge entonces la pregunta: ¿Cuál debe ser el ideal de los colombianos con respecto a la paz después del plebiscito? No puede ser la utopía, tiene que ser un ideal realista. Los países que hoy se califican en paz son así porque tienen inexistencia de conflictos internos y externos, el nivel de militarización de la sociedad es bajo y los diferentes indicadores de seguridad social y ciudadana son favorables. En cambio los problemas del país seguirán con la erradicación de la coca, el narcotráfico, el combate o la paz con el ELN, el paramilitarismo, y esto sin mencionar los problemas de tipo económico y la descomposición social en los diferentes ámbitos. Estas son las entrañas del país, una nación polarizada políticamente, y cuando los profetas del futuro de Colombia prevén para forjarse expectativas lo que les interesa, los que están viendo oportunidades para ganar prebendas, sea porque unos pueden llegar al poder o bien, otros continuar. ¿Y el pueblo qué expectativa se debe forjar?
No le queda otra alternativa si no aquella en la que puede ser mejor: la educación. Es el único activo de los pobres y la esperanza con la cual se mejora la vida, donde se da la oportunidad de ser múltiple y multidimensional. Autoformarse, no puede ser que los más perspicaces vean en la desgracia oportunidades de poder y pronostiquen para los ciudadanos en general el desastre, la hecatombe. Por qué no se habla del país y el mundo en la lucha con las búsquedas del emprendimiento y la innovación. De que puede haber personas capaces de levantarse en protesta pasiva con el pueblo para luchar por el derecho a la educación y de calidad. Quienes se enceguecen en un tema y pierden su sentido de multidimencionalidad para la diversidad de soluciones a un problema sin aportar, necesitan auto-cuestionarse. En esto puede aportar la educación.
Colombia apenas empieza a distinguirse con las formas bellas de la creación humana, la ciencia, la filosofía y la tecnología. Hoy se le está exigiendo a las universidades que inviertan en ciencia y tecnología. También empieza a aprender a lograr conquistas como la de la paz relativa, evitar gobiernos guerreristas, dictaduras, y acabar con quienes desean polarizar sectariamente a la sociedad, se vivirá en otro país. Un país que todavía tiene que superar secuelas del proceso 8.000, resuelto en el Congreso de la Republica con un auto inhibitorio en favor de la “cabeza” del país, no obstante el elefante haber entrado a su casa y el dueño aducir que no se había dado cuenta cuando entró, que todo había sucedido a sus “espaldas”, mientras el país narco-político enredado en detenciones de altos funcionarios del gobierno, encarcelamientos, guerras callejeras, crimines, testigos asesinados, la nación vivió y explotó en el caos y la incertidumbre, la justicia ejerció la más insolente impunidad para juzgar y un pueblo de frente a su no ser, a quien declararon inocente lo juzgó culpable mediante la opinión pública. Todo esto ocurrido a mediados de la década de los años 90. La página de esta historia aún no se ha podido pasar. El país está en suspenso y con la paz se espera resolver el problema del narcotráfico y la criminalidad, el plebiscito a favor de la paz seguramente tendrá riegos. Llegará el día en que no se pueda ocultar la mentira como cuando las alianzas del narcotráfico con la política. Hoy el país es más creativo y pensante, se dan grandes condiciones para que las personas aprendan a pensar por sí mismas. Es la crisis en donde más se puede despertar la creatividad, que no se vuelva a llegar a un país envilecido por el mal y la falsedad. Hay que decir sí a un país que se purga del pasado y a tener la capacidad para esto. Es lo mejor que le puede pasar.
En el fondo de este ser está el potencial de la multiplicidad de estados internos que se pueden despertar con lo que se puede ser (pasiones, sensibilidades, emociones, temores, ideas, y mucho más: trastornos, pero ojalá positivos), si Beethoven hubiera nacido en unas circunstancias como las de una comunidad indígena, no hay duda que su sensibilidad musical habría sido otra, quizá su virtud natural creativa se habría juntado con un tambor y no un piano acompañado de tantos instrumentos con que se compone una sinfonía para conjugar la unidad de sonidos rítmicos e ímpetu creativo, y en una lucha mordaz interna lograr que su sordera le impidiera sacar su ser interior musical, en un ambiente de guerras y luchas napoleónicas. La matanza de los trabajadores de las bananeras y demás formas de la violencia en Colombia motivó diversas obras y la que es cumbre: Cien Años de Soledad. El trastorno del amor y la guerra han inspirado montañas de escritos en el mundo. Se individualizaron los creadores para ser por sí y para otros, obras de arte y personas que no se volverán a repetir. Caer en la habilidad de la identidad que da múltiples formas de seres individuales, pueblos, países con culturas diferentes, crean la diversidad que puede ser crítica donde existe la exclusión o favorable para el desarrollo de las formas más elevadas de la conciencia o las más brutales. Pueblos con elevadas formas de racionalidad en sus intelectuales, claro que pueden ir al abismo cuando los jóvenes y adultos saben muy poco del pensar para no dejarse manipular. Eso no puede llegar a ser Colombia.