Por José Antonio Aguilera
El Aloe vera o más comúnmente conocida como mata de sábila, es sencillo de cultivar. Con pocos cuidados, tendremos una planta fiel que, además, nos permitirá aprovechar de sus innumerables beneficios terapéuticos.
El Aloe vera es una planta muy apreciada por sus múltiples propiedades para aliviar dolores y mejorar el cuerpo, desde diversos frentes de batalla. Se trata de una planta del tipo de las "suculentas", lo que significa que retiene una gran cantidad de agua en sus hojas carnosas. Además, la sábila es una planta muy sencilla de cultivar, pues es una variedad de origen silvestre que logra adaptarse muy bien a diferentes ambientes, ya sea en interior o en exterior, en tierra y también en maceta. La sábila es una planta perenne que a menudo forma colonias grandes; tiene hojas carnosas y suculentas de color verde claro dispuestas en rosetas, con dientes en los márgenes. La planta es parecida a los magueyes (género Agave) pero tiene muy poca fibra en sus hojas. Las hojas de sábila tienen tres capas: una protección exterior, una capa fibrosa (donde se concentra la aloína) y un corazón gelatinoso donde almacena el agua y que contiene las propiedades curativas para la piel. La flor es pequeña, tubular y amarilla (otras especies de Aloe pueden tener la flor de color rojo, naranja o morado) y se presenta en inflorescencias.
De hecho, se trata de una variedad sumamente decorativa de gran capacidad de crecimiento, lo que la convierte en una planta ideal para cultivar en tu hogar. Ya sea en tu jardín o en tu balcón, quizás en alguna maceta de interiores, te contamos los secretos para la sábila con gran éxito.
Para cultivar la sábila, simplemente coloca la planta (un vástago o retoño) en tierra nutrida, con buena cantidad de materia orgánica y de buen drenaje. Procura que no se trate de una tierra muy arcillosa. Coloca rocas o trozos de cerámica, azulejo, terracota u otras al final de la maceta, para propiciar un buen drenaje del agua excedente, y evitar así la pudrición.
Coloca la planta bien al centro de una maceta que no tenga menos de 25 o 30 centímetros de diámetro, pues es una planta de despliegue horizontal pronunciado.
Si la colocas en tierra, procura nutrirla primero con tierra de bolsa para cultivos o tierra de capote, remuévela para ablandarla, y ubícala en un sitio donde tenga sombra y protección al clima.
Luego, simplemente debes mantener la planta con la tierra húmeda (regando un poco a diario, sin inundar la tierra), y con una temperatura constante y más bien cálida. El Aloe vera es una variedad propensa al daño de las heladas, por contener cerca de un 95% de su composición en agua.
Esta planta no requiere de luz solar constante. Puede soportar el sol directo, pero por períodos cortos. Prefiere, en cambio, la luz solar indirecta, siendo mantenida a la sombra.
Quienes disfrutan de las tareas de jardinería verán gran placer en el cultivo del Aloe vera, pues es una planta de rápido y constante crecimiento. Dicen quienes más saben que el Aloe vera crece más y mejor cuando se charla con él, ya que reacciona muy bien a los sonidos.
El mantenimiento de la sábila es sencillo: cuida de no inundarla, cuídala del frío y del sol directo (en especial en verano), y retira las hojas que se vean en mal estado. Cuando notes el nacimiento de un retoño, córtalo con cuidado y trasládalo a una nueva maceta o sitio de cultivo, para fomentar la propagación de esta bella y útil planta. Si no retiramos los retoños de la planta madre, puede ser que comiencen a consumir todos los nutrientes y que la planta mayor comience a sufrir alteraciones en su desarrollo. Por eso se aconseja retirarlos si no se los va a volver a plantar, para que la planta madre pueda seguir conservando todas su propiedades.
Luego de plantar el acodo, no lo riegues durante unos 10 días, que será el tiempo en que tardarán en sanar las heridas que le provocamos al retirarlo de la planta madre.
Es conveniente, de acuerdo a su crecimiento, cambiar la mata de sábila cada año de maceta y fertilizarlo una vez al año.
La planta de sábila no debe regarse con frecuencia, pero si con profundidad. Para saber en qué momento necesita del riego, basta con hundir un dedo hasta la altura del nudillo y si sentimos que la tierra está aún húmeda, será que aun no necesita agua. Si por el contrario, sentimos el suelo seco, es hora de una buena regada. Lo ideal es utilizar agua de lluvia en lugar de agua de riego que puede contener demasiado cloro en su composición.
Para obtener su jugo o pulpa, simplemente toma una de sus hojas (las más externas) cortándola con las manos desde su base, en un girón certero. Corta con cuchillo los laterales con pinchos, y abre la hoja por la mitad de manera transversal. Apoya con la pulpa hacia arriba sobre un plato plano, y raspa la pulpa con el dorso romo del cuchillo, retirando su valioso contenido. Haz lo mismo con el otro costado de la hoja.
Usos en la medicina tradicional
Hoy en día, la sábila es un ingrediente principal en muchos productos cosméticos y farmacéuticos, pero los egipcios, griegos y sumerios dejaron evidencia de su uso hace más de 4 mil años. Las diferentes partes de la hoja de sábila contienen varios compuestos con efectos distintos y por lo regular no se utilizan juntos.
Al cortar la hoja se puede observar que debajo de la "piel" hay una capa fibrosa que despide un líquido amarillo, amargo y apestoso. Este líquido contiene aloína, un compuesto irritante que es un laxante muy potente que puede causar daño al sistema digestivo y a los riñones. En tiempos antiguos este líquido se utilizaba en cantidades pequeñas (de 5 a 30 mililitros) para tratar el estreñimiento, usualmente se tomaba con agua o con un jugo hecho de la parte gelatinosa de la misma hoja. Este líquido amargo también se utilizaba para "pintar" los dedos de niños que se comían las uñas para disuadirles.

El corazón de la hoja, o la parte babosa o gelatinosa, fue muy importante para los soldados del imperio griego para sanar las heridas; lo valoraban por su habilidad de parar la sangre y tratar irritaciones de la boca, garganta y ojos. En Egipto e India, el gel de sábila se utilizaba para curar quemaduras y ciertos problemas de la piel como hongos y eczema (dermatitis). También aprovechaban que cuando el gel se seca sobre la piel herida, forma una capa delgada que protege la herida de infección.
Buenos amig@s la próxima semana tratare el tema de las 11 plantas medicinales que debemos tener en nuestro jardín.
Fuentes:
Foster, Steven y Johnson, Rebecca L. Desk Reference to Nature´s Medicine. National Geographic Society, 2006.
González Stuart, Armando. Sábila. University of Texas, 2006.
Weiss, Gaea y Shandor. Growing and Using the Healing Herbs. Rodale Press, 1985.