Los Caleños no realizamos el mismo desembolso en la época de semana santa, que durante las vacaciones de verano o de navidad, pero de todos modos, ésta temporada también nos deja en grave crisis económica en nuestro hogar.
Al iniciar estos días de descanso, nos decimos: Si me voy de vacaciones estoy derrochando dinero, si no me voy, mi familia? No estoy apoyando al país en el sector turístico; si me voy de vacaciones estaré colgada con las cuentas por pagar, si no me voy, tendré que soportar los reproches de mi cónyuge durante el resto del año; si me voy de vacaciones tendré que recortar mis gustos alimenticios, si no me voy, tendré que aguantar las historias de mis compañeros de trabajo contando sobre sus paseos. Toda esta forma de pensar, ayuda a que cerremos los ojos, nos endeudemos y salgamos a disfrutar, así luego nos llegue los allá yai.
Dejar de lado el estrés por unos días viene bien a todas aquellas personas que han dedicado la mayoría de su tiempo a lo largo del año a trabajar. No es necesario gastar grandes presupuestos para disfrutar de unos días de relax con la mejor compañía. Hay muchas alternativas que se adaptan a presupuestos de lo más austeros. Cuando uno esta de vacaciones, es común tener un exceso de gastos, gastos inesperados, o pagar intereses porque se nos olvida abonar en termino nuestra cuenta de luz, teléfono o tarjeta de crédito.
Después de llegar de estas cortas vacaciones, sobrellevar la carga económica familiar, no es una tarea fácil, mucho menos en la actualidad. Todos los días aumentan los precios de los recursos básicos. Y es por ello que colapsa la tranquilidad de las familias.

Cuando vemos los recibos a pagar del mes, las deudas que se contrajeron con anticipación y que habrá que liquidar, medicinas, comidas, escuelas, mantenimiento, etc. El estrés y la desesperación crean un entorno de hostilidad emocional en donde no sólo sufre la persona que está enfrentando esta crisis, sino también todos los miembros de la familia.
La crisis no sale de nuestras cabezas, está en mente de todos, y hace que nos limite a la hora de planificar incluso nuestros días de descanso. Todo el mundo necesita un descanso, dejar de lado todas sus rutinas y quehaceres diarios. Sin embargo, debido a las dificultades que esta pasando muchas economías familiares, parece difícil que una gran parte de la población pueda disfrutar, aunque sea, un día de paseo.
No debe haber remordimiento por el paseo o viaje que se disfrutó en estos días de descanso. Economizar no es igual a restricción, es más bien igual a proyección y planeación.
Los días de descanso no son motivo para depresiones posteriores, se debe después de vacacionar ajustar en gran medida la economía familiar, porque desgraciadamente muy pocas veces se planea, bien porque se hace un programa que sale casi espontáneamente o porque lo que se tenía pensado gastar se desborda. Si este es el caso es necesario determinar, lo más pronto posible después del regreso, ese “desborde” a cuánto equivale, qué parte de él se sufragó a través de crédito (tarjetas, avances de efectivo, créditos rápidos, etc.) y qué parte, se utilizó de ahorros destinados para otro fin. Con este análisis bien estructurado se debe hacer un plan de pagos donde jerarquizo de lo más a lo menos oneroso, sin sacrificar el bienestar de la familia, pero procurando cancelar todas estas deudas antes de otras vacaciones para que no termine convirtiéndose en una bola de nieve y mayor dolor de cabeza.