Vida Nueva
Por Héctor De los Ríos L.
El anuncio del nacimiento a José, esposo y padre
San Mateo 1, 18-24
“El clima de silencio acompaña todo lo relacionado con la figura de José”
(Juan Pablo II)
“No temas tomar contigo a María tu mujer… le pondrás por nombre Jesús”
Oremos a san José, Maestro de vida interior: “José está con María y María está con el Padre. Y también nosotros, para que Dios, en fin, pueda ser acogido ya que sus obras traspasan nuestra razón, para que su luz no sea extinguida por nuestra lámpara y su palabra por el ruido que hacemos, para que cese el hombre y para que vuestro Reino venga y se haga vuestra santa voluntad, para que reencontremos el origen con profundas delicias, para que se pacifique el mar y comience María, la que tiene la mejor parte, y que, del antiguo Israel, acabe la resistencia: Patriarca interior, José, consíguenos el silencio”
Casi a las puertas de la celebración de la Navidad, subimos el último peldaño en nuestro itinerario del Adviento. El evangelio del último domingo de adviento nos coloca frente a los acontecimientos que preceden el nacimiento de Jesús, especialmente los relacionados con el anuncio de que el niño engendrado en el vientre virginal de María proviene de Dios.
Tengamos presente que este es el domingo de la Anunciación. El año pasado, en este domingo habíamos leído la anunciación del Ángel a María, este año leemos la revelación divina del origen de Jesús a José (versión de Mateo).
El pasaje, también conocido como “el sueño de José” (Mateo 1,18-24; nos ayuda a descubrir mejor el verdadero origen en Dios de la persona de Jesús y, de ahí, su misión con relación a los hombres. Bajo esta luz, descubrimos también la fascinante personalidad espiritual de María y de José. No hay una línea en el evangelio de hoy en la que no esté mencionada la madre de Jesús, al mismo tiempo que se perfila el papel de José en medio de estos grandes acontecimientos.
Mateo se permite intitular su relato: “La generación de Jesús-Cristo fue de esta manera”. El término que traducimos por “generación” alude a un “génesis”, a un “origen”. El “Cristo” (=Mesías) que hace su irrupción histórica en la persona de “Jesús”, tiene en las raíces de su existencia un misterio particular que hay que tratar de comprender. Por eso el evangelista nos invita a comenzar su evangelio remontándonos hasta los “orígenes”.
Tratando de ir a fondo, el evangelista Mateo distingue el “origen remoto” y el “origen próximo” de Jesús. El origen remoto hace el recorrido ascendente al interior del hilo histórico del árbol genealógico de Jesús, hasta llegar al “padre” del pueblo hebreo: Abraham. A Jesús se le comprende bajo la luz de la historia salvífica del pueblo del que hace parte, al cual redime en primer lugar.
El origen próximo, ya en medio de los acontecimientos previos al nacimiento de Jesús, nos dice explícitamente que María “se encontró encinta por obra del Espíritu Santo”. Por tanto el origen de Jesús no está relacionado solamente con los eventos históricos sino con la obra creadora de Dios en el vientre de María.
El “origen próximo” de Jesús, que hoy nos ocupa, viene a dar un dato que había quedado faltando en la genealogía de Jesús. En 1,16, Mateo había escrito: “Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo”. Pero, como puede verse, en esta última generación el padre terreno no toma parte. Se dice que José es el esposo de María pero no se agrega que sea el padre de Jesús, éste por lo pronto queda solamente como hijo de María. Luego, al decir que la gravidez de María ocurre “por obra del Espíritu Santo”, la laguna de información se completa; es claro que José no toma parte. Pero queda por explicar aún el papel de José en la generación de Jesús, el cual vendrá por revelación del Ángel.
Dicho de otra manera, se trata de enfrentar las cuestiones: ¿Cómo viene Jesús al mundo? ¿Qué significación tiene esta venida para la humanidad? ¿Cómo es posible que Jesús sea al mismo tiempo descendiente de José e hijo de la Virgen?
Pues bien, el misterio con que se cerró el árbol genealógico de Jesús es ahora develado a través de la magnífica narración que Mateo hoy coloca en nuestros oídos.