El Jodario
Por Gustavo Álvarez Gardeazábal
Esta semana el Procurador Ordoñez ratificó la sentencia condenatoria al Superintendente Financiero, Gerardo Hernández por haber sido evidentemente laxo, cuando no sospechosamente descuidado, en dejar crecer la estafa de Interbolsa ante los ojos de todos los presuntos controles existentes para evitar estos robos de cuello blanco.
El castigo es ejemplar pero el silencio de los medios preocupante. Interbolsa pudo cuajarse como el gran zarpazo económico de las últimas décadas porque la pretendida vigilancia de la Super no se llevó a efecto y la tontería reemplazó la acuciosidad en entender las cifras que hacían túneles entre Jaramillo, Maldonado y Ortiz.
El país, y los medios, en cambio, han resaltado los comentarios enfrentados alrededor del nombramiento del gárrula de Juan Carlos Echeverri como presidente de Ecopetrol.
El país no confía en Echeverri porque fue capaz de inventarse la figura de la mermelada para disculpar eternamente la vagabundería del sobresueldo a los congresistas pero que también se olvidó que fue miembro de la junta de Interbolsa.
Tampoco confían los colombianos en un tipo tan inteligente que se haya prestado para que montaran la pantomima de su escogencia como fruto de la búsqueda (costosísima) de una firma de cazatalentos cuando todos sabíamos meses antes que él sería el elegido.
Difícil medir la marcha futura de la economía del país si el gobierno es condenado por propiciar lo de Interbolsa y a la empresa más importante llega un historiador brillante pero caprichosamente locuaz que sabe pocón de un negocio que está haciendo agua en todo el mundo.
@eljodario