
El Jodario
Gustavo Alvarez Gardeazábal
Nada más aburridor para este oficio de comentarista diario de la opinión pública que andar prediciendo lo que puede pasar por el evidente descuido o la insistencia en repetir el error.
Aquí dije que el Niño de este año iba a ser muy complicado. Que así opinaban los científicos gringos y australianos que estudian con detalle ese fenómeno. Que deberían tener listos los carros cisternas para aliviar la sed. Pero como cayeron aguaceros en algunos sitios del país, se olvidaron de las advertencias.
La primera ciudad grande de la que mencioné el problema del acueducto fue Cali. Por experiencia que han tenido todos los caleños cuando no les falla el acueducto del río Cauca por turbiedad o contaminación excesiva, les fallan los de San Antonio y la Reforma, por falta de agua.
Cali tiene ahora, en pleno Niño, la dura realidad de no haber buscado solución a largo plazo para su acueducto. Todos los días les quitan entre 8 y 14 horas el agua al 25% de sus habitantes, a los del occidente de la ciudad. Es decir, desde Siloé hasta el Parque Versalles se quedan maldiciendo a diario.
Que una ciudad de 2 millones de habitantes esté en peligro de quedarse sin agua es un riesgo mayúsculo. Que ello sea no por las condiciones climáticas sino por falta de planificación, más grave aún. Pero que esa falta de planificación haya sido impulsada por no querer usar la represa de Salvajina por capricho regionalista es un karma que la historia no le perdonará a la dirigencia caleña.
Parece inevitable que si sigue el Niño, el río Cauca no podrá con el acueducto para el 75% restante de Cali. Es decir, la hecatombe. ¿Pero sí lo habrán previsto?
@eljodario
