
El Jodario
Por Gustavo Alvarez Gardeazabal
La tradicional procesión del 2 de febrero en Rioacha, cuando sacan a “la Mello”, la Virgen de Los Remedios que con tanto ahínco siguen venerando en La Guajira, sirvió para que el país viera a un Álvaro Uribe Vélez sonriente (como muy pocas veces en su vida) y a una Piedad Córdoba, con su turbante luminoso y su gesto respetuoso, en un saludo demasiado cordial para la foto.
La peligrosa polarización del país entre partidarios del presidente Santos y los del expresidente Uribe ha llevado a que las cosas en Colombia se vuelvan incoherentes y se tornen agresivas y dañinas.
Para los amigos de Uribe todo lo que haga el presidente Santos, y sus ministros, es siempre malo o porque buscan la paz conversando o porque ninguno le perdona a Juan Manual Santos que recién posesionado hubiese traicionado a su soporte político y gubernamental, quien fue Uribe teniéndolo como ministro de Defensa .Y sobre todo, y pese a que hizo votar a medio país por él, no haya hecho desde entonces sino arrinconar al expresidente.
Para los amigos del gobierno, en especial para los comunicadores e intelectuales subvencionados con la plata de la paz, Uribe es un paraco irredento, sus subalternos inmediatos unos bandidos violadores de las normas constitucionales y la ética y los uribistas, en sí, un estorbo para la paz y el futuro de Colombia.
Pero como en este país hemos vivido de pactos y reconciliaciones. Como ahora las Farc se reconcilian con el estado. Como antaño Laureano y Lleras Camargo firmaron el Frente Nacional para hacer la paz entre liberales y conservadores, ver a Uribe sonriente, abrazando y besando a Piedad Córdoba, bajo el manto de “La mello”, nos llena de esperanzas a todos los que creemos que si se puede sentar a Santos, Uribe y Timo para hacer la verdadera paz.
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