
Por Benjamín Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.
Para que una ciudad sea una polis debe tener políticos que la dirijan, y ciudadanos y no apenas habitantes para que sea una civitas, y que su urbanidad no deje qué desear para que sea una urbs. Y aunque no se hubiera establecido una corte virreinal, como en Ciudad de México, Lima o Santa fe de Bogotá, que la cortesía de sus habitantes no sea su remedo de “caballeros”, “damas “ y “reinas”.
Y si además tiene varios millones de habitantes pero no va camino a ser una verdadera megalópolis, por lo precario de sus reglas, será apenas una conurbación gigantesca y desordenada. Por eso se debería buscar que sea mas polis que mega, y apenas la cabeza de la provincia circundante en lugar de pretender vanamente que sea una metrópolis de mentiras.
Además hay que partir del bello paisaje en que en Colombia suelen estar, con sus contundentes cerros y altas cordilleras, del recuerdo de sus ríos y curvos meandros que abría que recuperar. De su benévolo clima, no tan caliente ni tan frio pese al cambio climático, sus días de doce horas de luz y noches de luna llena, niebla en las mañanas o brisa en las tardes, y maravillosos árboles, flores, pájaros y mariposas.
Pero para convivir civilizadamente hay que seguir reglas no solo para construir sus edificios y espacios públicos si no para la manera de usarlos y conservarlos. Urbanidad, civismo, política, policía y cortesía, son palabras que tienen que ver con urbe, civis, polis y cortes, compartiendo su origen desde que las ciudades surgieron en la antigüedad generando nuevos comportamientos en los humanos.
Rasgos culturales que se manifiestan en las ciudades, ya no como una tradición sino como reglas para la convivencia entre extraños que forzosamente ahora tienen que vivir en ellas. Pero infortunadamente en muchas nuevas y grandes ciudades, cuando han crecido mucho, rápida y recientemente, priman sus nuevos habitantes sobre sus viejos ciudadanos, dificultando una mejor calidad de vida.
El problema es que convertir miles de habitantes en ciudadanos toma tiempo, e implica una continua educación cívica en la que todos intervengan todos los días, ya sea dando ejemplo o exigiendo respeto a los otros. Aspecto este que debería ser deber de la policía y no apenas la seguridad, que es urgente, pero llevando a que se olvide el resto, que es lo importante y primero.
Con lo que se regresa a la polis en la que la policía estaba a ordenes de los políticos y la democracia era de verdad. Pero ya se sabe a donde puede conducir esto en sistemas políticos precarios, por lo que hay que concentrarse en los políticos profesionales, los que aquí poco existen, o se transforman en politiqueros corruptos y cínicos. Pero es igual de malo si son improvisados.
Tendrían que asesorarse con universidades y gremios, y leer La república de Platón y la Política de Aristóteles y algunos libros básicos sobre las ciudades, principiando por La cultura de las ciudades, 1938, de Lewis Mumford. Y los Concejos, que tendrían que ejecutar planes de ordenamiento a largo plazo, deberían ser mas importantes que los Alcaldes que solo deberían ejecutarlos.
Para Aristóteles la polis es una "comunidad política" y su gobierno sólo cambia de tamaño respecto al de la casa, indica quién debe ser considerado ciudadano y se apoya en Hipódamo de Mileto en la repartición de sus espacios. Es una teoría de la ciudad y las ventajas o no de la democracia, y de la población, el territorio y la educación en el estado ideal, de cuyo gobierno por una elite culta habla Platón.