

Por Benjamín Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle, y Profesor Titular (Jubilado) de la misma. Docente en la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, el Taller Internacional de Cartagena y la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona.
Dice el Diario Occidente (26/03/2013), los puentes peatonales de Cali son monumentos al abandono. Y al despropósito: los peatones mas necesitados (mujeres embarazadas o con coche de niños, ancianos y personas con problemas motrices) no pueden subir sus escaleras, las que ni siquiera cumplen con la norma de un descanso por piso, y sus rampas no pasan de parecer ser lo que no son: rampas para discapacitados. Y por supuesto los automovilistas que se quejan de que los peatones no los usen, tampoco los usan y por eso pretenden ingenuamente que la gente se desvíe una o mas cuadras de su recorrido para encontrar un puente, cruzarlo, y regresar al otro lado de la vía, a donde se dirigía. Por eso cerca de dichos puentes es donde son atropellados mas peatones, los que no cuentan con pasos peatonales para cruzar por las esquinas.

En todas partes las calles se cruzan caminando precisamente por las esquinas por pasos peatonales sencillos, o con “cebra”, es decir en los que tiene prelación el peatón, lo mismo que en los “pompeyanos”, que son los que están al mismo nivel de los andenes, o tienen semáforo propio o cuentan con tiempo para los peatones en los semáforos que regulan el tránsito vehicular. Los puentes peatonales solo los hay cuando son la única manera de cruzar una vía, generalmente de trafico pesado o rápido, pues lo impide un separador. O una autopista o una vía férrea, las que están cerradas con bardas. O que se pueden tomar a nivel por uno de sus costados, subiendo o bajando por el otro. O que cuentan con ascensor en sus dos extremos, como incluso los hay en Bogotá. Por eso en muchas partes se prefieren los pasos por debajo de las calles aprovechando las entradas al Metro.

En el Municipio de Cali, según el informe mencionado, existen 266 puentes peatonales, 213 en la zona urbana y 53 en la rural, pero varios de ellos se encuentran en un avanzado estado de deterioro y otros abandonados, o con barandales dañados, escalones incompletos, y algunos son utilizados como botaderos de basura y están cubiertos con graffiti. Ahora se les hará mantenimiento apenas a los 21 que se requieren con motivo de los World Games. Los restantes serán reparados a lo largo del año, supuestamente, y –suena a chiste- según las necesidades: si son de tipo arquitectónico (embellecimiento) o de tipo estructural. No sobra decir que ninguno cuenta con ascensores, e incluso algunos terminan en un paso peatonal con semáforo y muchos en un andén mínimo a ambos lados.

Como los “policías acostados” y los cruces vehiculares a dos niveles, los puentes peatonales que se piden y hacen en esta ciudad es fundamentalmente por su imagen (equivocada) de modernidad. Al parecer lo que le importa a las autoridades es que se vean bien para los visitantes, pasando por alto que son tan invasivos de las calles como las elevadas y grandes paradas del Mio, afeándolas sin remedio. En ninguna ciudad de las mas conocidas por su belleza y organización existen puentes peatonales en sus centros, los que suelen ser muy grandes; y la lista es larga. Cosa de la que por supuesto no dice nada el informe de marras, ni mucho menos que precisamente están muchos en mal estado pues sencillamente no se usan. ¿Qué esperamos para cambiarlos por semáforos sincronizados y con tiempo para los peatones?