Por Héctor De los Ríos L.
Vida Nueva
Un buen maestro siempre está enseñando. Como lo hemos venido notando en nuestra lectura del evangelio de Lucas en los domingos anteriores, Jesús encontraba en diversas circunstancias de la vida cotidiana que encontraba en su camino, una para transmitir una enseñanza. Al fin y al cabo el Reino es así: su aprendizaje parte de y conduce a lo más profundo de la vida.
Lo importante es que al interior de cada una de las esferas de la vida humana, Jesús va introduciendo la semilla del Reino que genera una verdadera revolución en las maneras de pensar y en los hábitos que siguen reglas de comportamiento ya previamente establecidas por la cultura en sus diversos ámbitos sociales, económicos, políticos y religiosos. Jesús lleva a repensar la vida, no con simples frases de efecto sino con análisis profundos.
Jesús entra en la vida cotidiana ya configurada por cada persona y su sociedad, cuestiona y propone. Y en esta dinámica hace emerger de dentro de las conciencias desnudas la fuerza renovadora del Reino, mano creadora de su Padre en medio del mundo, y del impulso arrollador del Espíritu de amor que moldea la vida según el querer de Dios.
Acojamos la Palabra del Evangelio que nos presenta Lucas 14,1.7-14: Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
Jesús está en una comida. Allí cada una de sus acciones queda retratada por la lente pública, sobre todo por aquellos que ya lo consideran una persona incómoda. En torno a la comida en común se viven los grandes valores de la relacionalidad. No es simplemente el hecho “funcional” de alimentarse; en la comida compartida se ejerce la hospitalidad, se teje la amistad, se experimenta la gracia del compartir, se abre el corazón. Los grandes impulsos internos del amor siempre pasan por la mesa. Jesús hizo de la mesa un espacio de evangelización y de construcción de la comunidad. Jesús no sólo compartió la mesa con los pecadores, con todo el pueblo, con sus amigos y discípulos, sino también con los fariseos, sus adversarios que tanto lo observaban y lo criticaban.