
Por Vimer
El domingo 9 de octubre en la noche, críspetas en mano me ubique frente al televisor a mirar el debate del siglo “Clinton Vs Trump”, era la oportunidad de descubrir las nuevas tendencias de enfocar una campaña política, con todo su lenguaje de acercamiento suave o fuerte al votante, neurolingüística pura y unos mensajes programáticos muy precisos y dirigidos a los electores sobre los cuales se quería lograr una gran ascendencia hasta convencerlos de votar por el mejor.
Seguramente su estrategia se volvería tendencia y la veríamos en una burda copia en las campañas latinoamericanas de los próximos tres años, me decía con mi voz interior de politólogo aficionado. Hay que detallar la vestimenta, los colores, los gestos, el movimiento de las manos, la dicción, la mirada, las interpelaciones, el lenguaje preciso pero sobre todo el contenido, las gratas propuestas en educación, en desarme, en geopolítica, en medio ambiente, en impulso a la economía norteamericana, en relaciones con Latinoamérica, en ciencia y tecnología, en fin dos titanes sumergidos en un mundo futuro hecho a su imagen y semejanza.
Pero oh desilusión, una Hillary mal vestida, con sonrisa de colegiala saboteadora, con un lenguaje superfluo, sin contenido y un Donald que ni siquiera podía hilvanar un discurso de corte pendenciero, ambos con respuestas de cajón y acusaciones sin mayor contundencia, pero sobre todo un vacío intelectual profundo como las aguas del océano.
De acuerdo, los publicistas tipo campaña Colombiana me dirán que los debates son así, que la estrategia es hablar difuso para evitar replicas contundentes, no comprometerse a lo que no se va a cumplir, evitar entrar en los temas privados, sonreír, mostrar la cara imperturbable del futuro “President” sin contenido pero ganador de sondeos y encuestas. Pero saben que, no les creo, me niego a aceptar que la democracia sea un juego de ocultamiento, una estrategia de evitar al contrario y burlarse de las expectativas de los electores. Mi replica es contundente, el abstencionismo demuestra la inconformidad, los escándalos posteriores generan la certeza de la mala política y la triste vida de los hombres y mujeres en esta sociedad en decadencia verifican la mentira de este modelo de basarse en el marketing a ultranza y la inversión en imagen vacía.
Prefiero recordar el “sí se puede” de Belisario Betancur” que se la jugó con las casas sin cuota inicial, o John F. Kennedy que cumplió con su “poner a la nación en marcha otra vez” o Felipe González que encarno la transición de la España Dictatorial a la España democrática con “la libertad esta en tus manos”. Eran tiempos en que los compromisos de campaña eran sagrados.
