
Por Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.
Suponen los historiadores caleños, en ausencia de veracidad documental de la época, que fue una de las primeras iglesias del villorrio colonial. Sin mayor valor arquitectónico conjeturan fue construida en techo de palmiche y paredes de bareque, finalizando el siglo dieciséis, en cercanía del rio tutelar de la ciudad. Las crecientes típicas del rio, en época de intensas lluvias, amenazaban el templo y por ello se traslado a su actual ubicación.
Ciento cincuenta años después, en aras de defender el templo, se desvió el cauce del rio, levantándose un muro de contención, cuyos vestigios fueron descubiertos al construirse el actual túnel de la Avenida Colombia. La historia adversa de aquel vetusto templo se vuelve a escribir con el terremoto que azotó la ciudad el 7 de junio de 1925 dejando en ruinas la edificación.
Un grupo de caleños, liderados por Alfredo Vásquez Cobo, encomendaron su diseño y construcción al ingeniero Pablo Emilio Páez, en estilo neogótico inspirado en la catedral de Ulm en Alemania, y algunas edificaciones de la época, como la Basílica del Santo Cristo, construida en Ubate, Cundinamarca, en 1939. Al esfuerzo constructivo se unió el civismo de Micaela Castro Borrero y su madre Florencia quienes se encargaron de buena parte de la dotación a su interior, incluyendo vitrales, carillón y campanas, terminándose en el año 1942.

La identidad caleña se plasma e identifica en infinidad de postales icónicas del templo de La Ermita.
Por estos días se promueve una loable iniciativa cívica buscando recursos para la recuperación de algunos elementos que el paso del tiempo y falta de mantenimiento han deteriorado.
No obstante las buenas intenciones del grupo impulsador es menester y oportuno aprovechar este momento histórico del templo para reflexionar e involucrar, no solamente al interés cívico ciudadano, sino también su preservación y adecuación a cargo del estado y la arquidiócesis.
Con pensamiento innovador y creativo, debería liderar la Secretaria de Turismo del Municipio de Cali, con su homóloga departamental, la inclusión ante el nuevo gobierno nacional de promover todo un sector, desencadenando un ejemplo y modelo de conservación patrimonial urbana.
Deberían incluirse, todos los alrededores de La Ermita, como los característicos edificios de Coltabaco, de arquitectura renacentista, Teatro Jorge Isaac, declarado monumento nacional en 1984, en estilo neoclásico francés, Zaccour y Jorge Garcés Borrero, ejemplos de Art Deco del siglo XX, los parques de la Retreta, Poetas y el interminable lineal del rio, la manzana T, el CAM, el Paseo Bolívar y sus alrededores, incluyendo el mal bautizado, por ausencia arbórea, bulevar del rio, en patrimonio arquitectónico, cultural, ambiental y religioso de la ciudad.
Un modelo ejemplar de conservación y preservación puede aprovechar recursos de entidades nacionales, los cuales sumados a partidas presupuestales departamentales y municipales, consolidan la imagen que la ciudad quiere proyectar como alternativa de visita obligada, ante el extraordinario crecimiento del turismo receptivo hacia Colombia.
Los funcionarios públicos brillarán siempre por la huella indeleble que deja su paso por el cargo.
Es la oportunidad para Martha Lucia Villegas, Secretaria de Turismo de Cali, dejar un eterno legado a la ciudad de conservación patrimonial urbana y de paso dar relevancia al alcalde Maurice Armitage, quien de buenas intenciones, siempre será recordado.
