Nicolás Ramos Gómez
Dos hechos vienen alterando profundamente la vida en la Tierra: el efecto cada día mayor del cambio climático y el desborde poblacional o explosión demográfica. A la explosión demográfica, que ya supera los 7.500 millones de habitantes, se agregan las migraciones por motivos políticos, por las guerras y en países como el nuestro, por el abandono del campo, en donde una pequeña parcela que no es rentable origina la migración a las ciudades en busca de mejores oportunidades de vida o en busca de tranquilidad por los problemas con la guerrilla narcotraficante.
Pero lo más grave es lo ocurre con nuestros ríos, que se siguen desbordando con las lluvias debido al desmonte y al poblamiento de sus cuencas, causando los recientes desastres en muchas ciudades. Eso ocurrirá pronto con los ríos del Municipio de Cali y especialmente con el Río Cali. El Municipio y EMCALI son dueños de aproximadamente el 85% de los terrenos de sus cuencas y abandonaron su cuidado y control. Hoy son permanentes las invasiones, la tala continua del bosque recuperado y los incendios que antes controlaban los guardabosques, como en todos los bosques del mundo, pero hoy cuando los bomberos llegan a los sitios de difícil acceso ya es tarde.
Destruido el bosque en los terrenos de alta pendiente, solo aptos para ser bosque proyector y a su vez alcancía del agua, vendrán las grandes avenidas, que seguramente volverán a inundar los sótanos del CAM y la parte baja de la ciudad.
Cada día es más evidente que sin una planeación de largo plazo, no solo para el territorio municipal, área rural y urbana, sino también en total armonía con los municipios vecinos con los que se interactúa, el desorden en todos los aspectos será total.
Entre más se demore esa planeación, mayor será el desorden y el caos cada día en la zona metropolitana de Santiago de Cali con sus Municipios vecinos. Mientras tanto, Santiago de Cali seguirá hinchándose y ampliándose por doquier en total desorden y con ello creciendo los problemas y descuidando la arborización de las cuencas de sus ríos, que mitigan el cambio climático y son su vida al regularizar sus caudales.
