Nicolás Ramos
El mundo afronta un tema más que preocupante: los límites que el medio ambiente impone al crecimiento económico. El calentamiento global o cambio climático, causado por nuestras actividades antropogénicas, es a corto plazo una amenaza para la existencia humana en la Tierra. El agotamiento de los recursos no renovables (petróleo y minerales) y de los renovables: el agua dulce cada vez menor por habitante, los bosques y su madera cada vez más reducidos por el crecimiento de las ciudades, carreteras, embalses, los cuales son necesarios para unas condiciones mínimas de calidad de vida dada la creciente población mundial.
Todo lo anterior hace evidente que pronto agotaremos nuestro planeta y ello nos lleva a la imperiosa necesidad de controlar nuestras actividades económicas sobre el medio ambiente.
Tenemos el ejemplo reciente de lo ocurrido en Mocoa con el desmonte de las cuencas de sus ríos y el crecimiento de la minería ilegal que se desborda por todo el país sin que por parte alguna aparezca la acción del Ministerio del Medio Ambiente. El caso más aberrante es el de los Farallones de Cali, años denunciando la minería ilegal en él y nada pasa, allí sigue contaminando cada día más los ríos y destruyendo el bosque protector de las cuencas hidrográficas.
¿Qué le ha quedado a Colombia de la minería en el Río Cauca entre Timba y Suárez o entre Istmina y Condoto en el Río San Juan? Montones de piedra en unas cuencas que en los años que han pasado habría producido muchísima más riqueza en producción agrícola. El oro se fue y quedó la piedra improductiva.
Dado que los recursos, renovables o no, son una constante, es preciso y urgente racionalizar su uso y una forma clave para ello es el reciclaje. Un ejemplo de reciclaje es el hierro. El hierro de un automóvil de último modelo seguramente lo ha sido de muchos otros automóviles que también fueron de último modelo. A ello debemos agregar basura cero, ya que la contaminación con basuras de ríos y mares está causando graves daños a la pesca. Lo vemos igual con las plantas de tratamiento del agua del Río Cauca que paran su operación por las basuras del Río y la ausencia de oxígeno. Esta crisis ya la predijo el Club de Roma por los años de 1975 y bien poco hacemos para evitarla.
