Por Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.
Detrás de la guerra fría comercial desatada por el presidente Trump contra México, China y otros países del mundo capitalista desarrollado y emergente, se advierte la crisis económica, política y social por la cual atraviesa el sistema capitalista y los procesos de globalización existentes, no obstante los avances en materia de crecimiento económico, tecnológico, de libre tránsito de bienes y personas y del incremento de las conexiones e interacciones entre los pueblos del mundo contemporáneo.
Desde luego que las medidas adoptadas recientemente por dicho gobernante dirigidas a proteger supuestamente los intereses del pueblo norteamericano frente a las pretensiones y posturas de los gobiernos de otras naciones de “destruir las empresas y acabar con los empleos”, muestran los graves problemas y dificultades económicas, políticas, sociales y ambientales que acarrea la globalización, las cuales se han vuelto recurrentes y devastadoras de la vida de amplios sectores de la población que se empobrecieron con el paso del tiempo en medio de la descomposición del sistema capitalista en general y en particular en USA.
Una de las características mas sobresalientes de dicho proceso consiste en reafirmar la rivalidad entre los monopolios y multinacionales norteamericanas, canadienses, europeas, japonesas y chinas por el dominio de los mercados, que conduce a una mayor agravación de las contradicciones económicas y políticas, en medio de las cuales el gobierno del presidente Trump aspira a sacar ventaja y lograr recuperar el prestigio y el poder hegemónico para la otrora potencia económica del mundo que fuera después de la segunda guerra mundial y que hoy se ha debilitado a partir de la lucha competitiva en el mercado y la anarquía de la producción.
Ahora bien, la pregunta que debe hacerse es si la puesta en marcha de un conjunto de órdenes ejecutivas suscritas por el presidente Trump son suficientes para reactivar el aparato productivo del país, lo que por supuesto ha creado un clima de tensión al interior y por fuera de sus fronteras generando adicionalmente una gran incertidumbre social y política.
Al respecto no parece del todo claro que el gobierno del presidente Trump pueda remontar las metas y los objetivos que se propone bajo la premisa de que el camino a seguir es el de que el pueblo estadounidense adquiera los bienes y servicios producidos exclusivamente en los Estados Unidos, con lo cual se supone se protegería la industria nacional y se crearían millones de nuevos puestos de trabajo. Dicha pretensión no solo iría en contravía del modelo de libre comercio en que se sustenta la globalización capitalista, sino que además afectaría las relaciones comerciales que tiene USA con varios países como México y China en donde tienen asiento buena parte de las multinacionales gringas que operan en dichos países, al tiempo que sus consumidores se verían afectados con el alza de los precios de los productos y servicios.
Por otra parte el cierre de las fronteras, la cancelación de los TLC, la imposición de nuevas barreras arancelarias, la construcción de un muro en la frontera con México para impedir el acceso de los inmigrantes al país particularmente de América Latina y de países con población mayoritaria musulmana, constituyen un obstáculo insalvable para el mantenimiento de relaciones estables y de cooperación entre las naciones que sin lugar a dudas afectan sensiblemente el bienestar de los pueblos y el ejercicio de los derechos y libertades de acción de millones de personas que como los inmigrantes han contribuido al desarrollo y progreso de USA y aspiran a mejorar su situación social, para lo cual tendrán que enfrentar las exageraciones nacionalistas y populistas que se renuevan en cabeza de los dirigentes económicos y políticos que dicen representar y defender los intereses de vastos sectores de la población que sufren directamente los efectos perniciosos de la globalización capitalista que han facilitado en la práctica la concentración de la riqueza en manos de un puñado de empresarios, mientras cunde la desigualdad social y la pobreza de millones de seres humanos en todo el denominado “mundo civilizado de occidente”.
Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social
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