Fotografía y texto por Vinci Andrés Belalcázar Yabur

Alrededor del 2006 comenzó un sorpresivo incremento en las importaciones de motos provenientes de China en Colombia. Lo propiciaron la revaluación del peso y la caída en las tasas de interés de los créditos bancarios, que aprovecharon algunos importadores para inundar el mercado con los saldos chinos que llegaron al país con nombres como Sigma, Lifan, Dayan, Makita, Suzuka, Kazuki, Daeling, Hongfeng, Titania, AMC, Jianshe, etc. Todas estas marcas se han ido desplomando por la falta de garantías y partes para sus consumidores. Este auge llevo a Cali a consolidarse como la segunda ciudad del país con el mayor numero de motos: más de 350.000.
A la par de las importaciones crecieron las ensambladoras colombianas que pasaron en una década de producir 50 mil motos anuales a más de 400 mil. Hoy sigue creciendo el numero de motociclistas pero la participación asiática disminuye. Esto se debe a las dificultades que tienen algunos importadores para ofrecer repuestos, respaldo y garantía.
Parece que sólo van a prevalecer las marcas chinas tradicionales que poseen ensambladoras en Colombia, Brasil, Perú y Argentina; y conservan la marca original de su casa matriz.
Las grandes sobrevivientes son:
Suzuki Motors de Colombia
Incolmotos Yamaha
Auteco que produce la Kawasaki
Bajaj
Kimco
Fanalca Honda
Jincol S.A
Jincheng de Colombia S.A.
Ensambladora Corbeta AKT
Motos Jialing de Cali
Los nuevos motociclistas llegaron por varias razones: el precio, el desastroso transporte público de muchas ciudades, así como el aumento del desempleo y la informalidad.
La moto, en la mayoría de los casos, es una forma de ahorro, una fuente de empleo o un escape a la incomodidad y los atropellos del transporte público.
Vivimos los años de la proliferación, pero la seña particular es la pobreza, la mayoría de los compradores son trabajadores y estudiantes que ganan menos de dos salarios mínimos. El 40% de estos motociclistas, derivan su trabajo directamente de su vehiculo y existe otro porcentaje que lo usa indirectamente en él.
En el caso que nos interesa su expresión más viva del fenómeno es el moto-taxismo que se ha popularizado en las ciudades intermedias e incluso en algunas zonas de ciudades como Cali. Como cualquier expresión de la informalidad, el moto taxismo esta en guerra con la competencia (los transportadores) y la administración publica.
“¡Entre menos motos, menos delincuencia!” Esa es la lógica perversa que ha ganado adeptos entre nuestra clase dirigente. Es facil pensar así con los sueldos y privilegios que les pagamos los ciudadanos.
LA MOTO ESTA EN TODOS LOS ESTRATOS pero abunda en los más pobres.
La mayor prolifereación de motos en Cali se da en el Oriente de la ciudad, pero el vehiculo ha llegado a todos las zonas como una forma de ahorrar tiempo y dinero. A diferencia de Europa donde la moto es en su mayoria de uso recreativo, para los hombres y mujeres de Cali es trabajo y ahorro.
“Un estudio sociodemográfico de los usuarios de moto en Colombia revela, por ejemplo, que en Cali existe la mayor cantidad de mujeres motociclistas del país. Estimamos que pueden ser 80.000”
Agustín Bernal, presidente de la Asociación de Empresarios y Motociclistas de Cali.
En Colombia existen más de tres millones de personas que viven de las motos. En ciudades como Sincelejo, los empleos asociados directa e indirectamente al mototaxismo (conductores, mecánicos, almacenistas, comerciantes, etc.) equivalen a 43% de la población económicamente activa y esto hace por lo menos ridicula su prohibición. En las ciudades y pueblos del Valle a simple vista existe una relación de las mismas proporciones.
La presión ejercida sobre esta gran cantidad de ciudadanos propietarios de motos atraves de decretos y medidas ridiculas que sólo generan incomodidad y estigamatización, es por lo menos desatinada. Se les trata como ciudadanos de segunda. Pero no es extraño en una cultura que viene del traquetismo y en la que parece consenso el hecho de que los carros y no el peaton son los dueños de la via. En Cali, primero esta el carro particular, despues el bus… y como las victimas de estos dos agentes, los motociclistas, los ciclistas y los peatones.
EL ESTIGMA DE LA ACCIDENTALIDAD
En el 2010 se presentaron más de 22.000 accidentes de tránsito; 9.900 de ellos implicaron motociclistas.
Los accidentes de tránsito han aumentado sustancialmente junto con numero de motos, pero un vistazo a las estadisticas deja claro que son los vehiculos de cuatro ruedas los que siempre se ven implicados en la mayoria de accidentes. Y si bien la imprudencia es el detonante común entre todos los accidentes, estadisticamente son los carros los principales causantes.
El control efectivo de la expedición de pases y la corrupción es la clave
En ciudades como Madrid, Barcelona, Roma y Paris, el motociclista recibe un tratamiento especial por su compromiso ambiental, y por ello el gobierno le premia permitiendo el parqueo en cualquier andén o acera de la ciudad, inclusive en los sitios turísticos. En estas ciudades a la circulación por horarios, época de ferias, navidad, o elecciones; se puede andar entre los carros y llevar “parrillero”. Allí no existe la obligación de usar chaleco.
Pero en estos paises si hay un control efectivo en la expedición de las licencias de conducción. Y las escuelas que dictan los cursos de conducción son serias y profesionales, no como en nuestro país, donde se otorgan licencias de conducción incluso a personas parcialemente ciegas, incompetentes o que sencillamente no hacen el curso.
Allí prima la educación y formación de buenos conductores y no el trafico de licencias y la corruptela colombianas, que tiene su responsabilidad clara en la tasa de accidentes del país. Digamoslo claramente, la corrupción aquí como en la salud, es tan grave como el asesinato.
SOBRE MULTAS Y RABIA
En cali hay más de 350.000 motos que son el transporte o la fuente de empleo de casí el mismo numero de familias. Esto deberia darle algo en que pensar a las autoridades.
Medidas como el encarecimiento de las multas y la retención de vehiculos, pone a estas familias en situaciones limite. Esto es tan real como que se han sucitado casos de amenazas de suicidio o reacciones violentas contra los agentes de transito.
Esto sumado a que la autoridad moral de nuestros agentes esta por los suelos, su imagen esta marcada por la corrupción y el odio que sucita la injusticia economica que las multas e inmovilizaciones representan para los motociclistas y sus familias.
Es evidente que más restricciones y multas más caras no esta funcionando; por que el verdadero problema esta en la corrupción que vende pases y lleva malos conductores a las calles y ha convertido a los agentes de transito en mercenarios que se rinden al mejor postor o hacen parte de verdaderas mafias en las que participan ambulancias y empresas de transporte publico.
LA CORRUPCIÓN ACABO CON EL RESPETO
El 14 de febrero del 2010, EL PAÍS publico un articulo donde se daba un duro golpe de realidad a la ciudad, en el se denunciaron las constantes irregularidades y los rumores en los que se ven involucrados los agentes de transito en la ciudad. Practicas conocidas o apenas imaginadas por los caleños.
El articulo empezaba señalando que en entidades como la Personería y Control Disciplinario de la Alcaldía reposan decenas de denuncias a guardas por abuso de autoridad, tardanza en la elaboración de comparendos y sobornos.
Durante el 2010 se dieron a conocer diversas investigaciones que se llevaban a cabo en la Personería de Cali en torno a supuestas irregularidades en el desempeño de 47 guardas de transito, aunque muchos seguimos convencidos de que es apenas una pequeña parte de las redes de irregularidad y corrupción que se presentan; las quejas, denuncias y rumores abundan.
En ese entonces habían 134 investigaciónes en curso en la oficina de Control Disciplinario Interno de la Alcaldía, estas implicaban a 127 agentes de transito. Lo que equivalia al 47% de los 275 guardas que existian en la ciudad.
En el 2009 se reportaron 133 quejas: 43 eran por extralimitarse en sus funciones, 46 por omitir o retardar asuntos a su cargo y otras 19, las más graves, por solicitar o recibir dádivas de personas. Osea SOBORNOS.
NO LOS CASTIGAN
Aún cuando las quejas abundan, los sancionados se pueden contar con los dedos de una mano: en el 2008 se suspendieron dos agentes, en el 2009 se destituyo a uno y en el 2010 se destituyeron dos más que estaban vinculados a procesos de años pasados.
Al parecer muchos guardas y supervisores negocian con la ley. Hacen tratos con ambulancias, empresas de transporte y algunas denuncias señalan que el transito se distribuye a punta de cuotas políticas.
Control Interno de la Alcaldía investigo en el 2010 a cuatro guardas dueños de grúas que realizan casi todos los levantamientos de los vehículos multados y la Personería de Cali estudia el caso de una guarda que repartía tarjetas de asesoramiento en tránsito.
Las irregularidades en la entrega de comparendos, sobre todo por Pico y Placa, son, según algunos trabajadores de la misma Secretaría de Tránsito, pan de cada día.
SOMOS UN NEGOCIO REDONDO PARA LA CORRUPTELA
Según la Personería, el 90% de los comparendos no se entrega a tiempo, lo que tiene una justificación “entendible”, de acuerdo con un ex trabajador del Tránsito que habló con El País y que pidió reserva de identidad. “Los dueños de los patios les dan a los agentes el 30% del valor del parqueo diario, entonces es mejor que los comparendos se demoren más”.
Los intocables
Las empresas de transporte público comenten constantes infracciones pero algunas parecen tener un “tratamiento especial”.
“A mí me han pedido los jefes que pare operativos de inmovilización de buses de empresas como Río Cali, Azul Crema, Azul Plateada y Rojo Gris. Y de hecho me han sacado de la calle porque me niego a hacerlo. Pero qué se puede esperar si el mismo jefe de guardas es sobrino del gerente de una de estas rutas”, reveló a El País un guarda de Tránsito.
Frente a esta denuncia, el jefe de guardas, Alexánder López, explicó que su tío Diego Montoya fue gerente de la empresa Azul Crema, “pero en ese tiempo yo no era jefe de guardas, además desde hace tres años mi tío vive en el exterior y ya no tiene ninguna relación con el transporte público”.
Según esta fuente, hay empresas que pagan hasta dos millones de pesos mensuales a los supervisores para que no inmovilicen sus vehículos.
El presidente de la Asociación de Empleados de Tránsito, el guarda Cenovar Montoya, negó estas versiones. “Yo no conozco de estos convenios ni de esa corrupción. Sólo queremos que se investigue, pero sin hablar mal de todo el cuerpo de agentes, porque la mayoría somos honestos”.
