Por Juanita Cataño
Las manifestaciones violentas están mandadas a recoger con cucharita, porque no hacen cambios.

No se gana nada con tapar la Avd. Pasoancho y/o la calle 5ª, destruir las instalaciones de la Universidad, o sitios aledaños a punta de papas bombas y piedras. Tampoco se puede proclamar la libertad y la igualdad de un pueblo atentando contra él. ¿Para qué un discurso de revolución en defensa de la guerrilla, cuando estos están a la par del Gobierno Central? Cuando la única e irrelevante diferencia, bajo mi concepto, es la ilegalidad o legalidad correspondiente en su forma de actuar. Cuando de todas formas terminan haciendo ambos lo que se les da la gana.
Sin tapujos, lo digo en carta pública a todos aquellos integrantes de estos grupos que no producen más que molestias a una comunidad, infartan la movilización que ya bastante mal está y colapsan todas las actividades académicas con terror en una sola frase: orden de evacuación .
¿Qué esconden detrás de sus capuchas? ¿Qué hay entre las líneas de sus arengas revolucionarias? ¿Qué significan los trapos blancos y rojos que llevan atados en sus brazos? Nada. Para mí no valen nada. Me cansé de verlos caminar en los bajos de ciencias y en la plazoleta de ingenierías con sus voces fuertes, imponentes y con mejor oratoria que un político. Para mí siguen sin valer nada porque quien no da la cara, nunca podrá ser un verdadero líder, ni mostrar un camino hacia el cambio.
Se escudan en el abuso de poder, el miedo a la captura, pero actúan de la misma forma que el ESMAD, escondiéndose tras harapos, lanzando papas, piedras, Molotov, infundiendo terror y haciendo huir a la gente. ¿Por qué no dan la cara? ¿Quiénes son? ¿Qué hacen? ¿Son estudiantes? ¿Por qué lo hacen de esa forma? Son algunas de las preguntas que muchos nos hacemos y para cada una de ellas muchas hipótesis.
Se ha escuchado que son policías, que es la guerrilla, bandas criminales, etc. Incluso se les han unido personas que solo lo hacen porque les parece exótico tirar piedra, pero no saben por qué. Por ese medio no se va a lograr nada. Está demostrado que se ha logrado más cuando las manifestaciones de inconformidad y rechazo se han hecho con movilizaciones pacificas. ¿Cuántos de nuestros compañeros han muerto en ‘batallas’ absurdas, donde solo hemos perdido porque todo queda igual?
Para no irnos tan lejos recordemos el caso impune del estudiante Jan Farith Cheng, fallecido durante una de las marchas de la movilización en contra de la reforma a la Educación. Ahí viene el dicho cría fama y échate a dormir. En medio de esa marcha se habían escuchado explosiones que muchos afirman no sabían de dónde provenían. Cuando arrancaron a correr estalló la explosión. Las autoridades dicen que él cargaba artefactos explosivos. Según los estudiantes le lanzaron algo. Unos dicen que iban encapuchados, otros que no había ninguno ¿a quién creerle? Todas las partes tienen una versión pero la realidad es una sola, ¿dónde está? Y ¿quién la tiene?
Es hora de que nos enfrentemos y organicemos la ‘casa’. La experiencia del triunfo nacional con la reforma educativa lograda gracias a los mensajes educativos es una buena experiencia. Ese cuentico del anarquismo que exponen algunos para escudar sus actos vandálicos esta desentonado. Primero porque no tienen claridad en lo que realmente constituye el anarquismo y se limitan a decir que éste nos permite hacer lo que queramos, sin respetar, utilizando la violencia como medio para obtener logros. Como estudiosa de las filosofías políticas y sociales, afirmo que el concepto de anarquía no tiene nada que ver con lo que ignorantes del tema hablan.
Aparatándonos de todos estos paradigmas, que no debemos seguir ciegamente, a lo que quiero llegar es que ni tapándonos la cara, ni formándonos al estilo militar para lanzar ‘papas’ vamos a hacer nada. Nunca vamos a hacer respetar nuestros derechos agrediendo e infundiendo terror y ustedes mismos lo saben, sobre todo cuando el afectado es el pueblo.