
Cali es una ciudad “bendecida” al contar en su geografía con siete ríos. Este es un patrimonio ambiental, que no tiene otra ciudad en Colombia. Pero a su vez, es una urbe, que por su crecimiento desordenado no ha preservado esas ventajas de la naturaleza. Los ríos, son un patrimonio al cual la ciudad pareciera que le hubiera “dado la espalda”, ante la falta de una cultura ciudadana ambiental.
Por Oscar López Noguera
Comunicador Social – Periodista de la Pontifica Universidad Javeriana de Bogotá,Ganador de 20 premios de periodismo, Corresponsal para NTC Noticias, Noticiero AM PM y Noticias Uno. Jefe de redacción y editor general de Noti 5. También ha trabajado con el noticiero 90 Minutos, Noticias CVN. Fue director de comunicaciones de la Universidad Icesi y asesor actual de la sala de prensa de la Pontificia Universidad Javeriana – Cali. Productor de vídeos institucionales y documentales.
Con la ola de calor y el verano, que se han intensificado en estos días, con el denominado “fenómeno del niño”, los efectos depredadores en los siete ríos son evidentes. Al bajar los niveles de las aguas esto deja en evidencia los problemas de todas las cuencas.
Todas las riberas están afectadas. Las de los Ríos Cañaveralejo. Meléndez, Lili, Pance, en el sur. Por el oeste y el centro las de los ríos Aguacatal y Cali. Por el oriente la del Cauca. Según, Gisela Arizabaleta del área de Calidad ambiental del Dagma:” es evidente la situación de bajos caudales en todos los ríos, y eso acrecienta que no haya capacidad de dilución. Por eso hoy se ven más contaminados y con menor calidad. La situación es preocupante”.
Primer mal: “de fuentes hídricas a escombreras”
En lo que puede constituirse en el principal “atentado” medioambiental de los últimos años en la ciudad, tras el cierre de las escombreras que venían funcionando, y la habilitación de una en Candelaria, a la que no llegan los carretilleros informales, los ríos se están convirtiendo en los sitos en los que se están lanzando toneladas de desechos de la construcción afectando la calidad de sus aguas.
Segundo mal: “siete ríos contaminados con vertimientos”
En la contaminación con vertimientos se conjugan varios factores que afectan a todas las cuencas hidrográficas. De acuerdo con el Ingeniero Roberto Pomar de EMCALI: “A los ríos de la ciudad llegan vertimientos que son traídos por sus tributarios, por ejemplo, fungicidas.
Tercer mal: no se respeta la franja de protección de los ríos
De acuerdo con el publicista y ambientalista Micky Calero:” La invasión de los espacios de los ríos en Cali se repite en todas las cuencas. Y aunque la ley dice que son 30 metros, deberían ser 100 metros. Los ríos son seres vivos, y eso cambia de acuerdo a como el río cambie de cauce. El más ocupado es el Aguacatal en el oeste”.
Cuarto mal: la deforestación de las cuencas
Según Luz Ángela Forero, Encargada de Áreas Protegidas del DAGMA:” La gente que ocupa territorios declarados como áreas protegidas cambia uso del suelo. Tumba los bosques para meter ganado en estas zonas, Cultivan otro tipo de productos que no tiene nada que ver con la vocación del uso del área.
Quinto mal: la extracción de materiales de los ríos.
Las explotaciones de los materiales ríos, autorizadas o no, generan todo tipo de incertidumbre, acerca de si con el paso del tiempo se transforman en factores que atentan en contra de la calidad de su lecho.
Sexto mal: los cambios climáticos afectan a los ríos.
Para el Ingeniero Pomar: “Cada vez habrá veranos más fuertes y entre más prolongados sean, mayores los impactos en la cantidad de agua”. A esto se Se le suma que si se dan vertimientos aguas arriba de las bocatomas, el poder de dilución del rio ya no se da.
Séptimo mal: no hay una cultura de la preservación del medio ambiente
“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, reza el refrán popular, y ahora que el verano se ha intensificado, y al deteriorarse los caudales de los ríos, la comunidad vuelve a preocuparse.
