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Diez barrios de Cali viven con miedo

Oscar López Noguera, 5 August, 2012

El Cerco

Un corredor ecológico convertido en una de las  “ollas de vicio” más grande de la ciudad.

A las cinco de la tarde, de cualquier día de la semana, en el corredor vial de la calle 26, entre carreras 39 y 45, en la zona de los barrios San Judas y  el Guabal de la Comuna 10 al sur de Cali, o en el sentido sur-norte, del Barrio Jorge Holguín, de la Comuna 17, los vecinos no pueden salir de sus casas por miedo. Ellos viven al lado del “Cerco”, o también conocida como “Patio Siete”. La mayor concentración de indigencia que está proliferando en esta zona de la  ciudad.


Por Óscar López Noguera
Comunicador Social – Periodista de la Pontifica Universidad Javeriana de Bogotá,Ganador de 20 premios de periodismo, Corresponsal para NTC Noticias, Noticiero AM PM y Noticias Uno. Jefe de redacción y editor general de Noti 5. También ha trabajado con el noticiero 90 Minutos, Noticias CVN. Fue director de comunicaciones de la Universidad Icesi y asesor actual de la sala de prensa de la Pontificia Universidad Javeriana – Cali. Productor de vídeos institucionales y documentales.


Todos han vivido la impotencia de pasar de habitar unos barrios, en los que siempre que llegaban las olas invernales terminaban  inundados por el desbordamiento del río  Cañaveralejo, a vivir hoy en medio de la desesperación por la “inundación” de una zona verde, por más de 150 habitantes de la calle, que la han convertido en su sitio de vivienda y un entorno,  en que se  mezclan la  drogadicción, el consumo indiscriminado de licor adulterado  y todo tipo de manifestaciones, de una sociedad en decadencia. Y lo más grave, sin que se adopten medidas de fondo para enfrentar esta situación.

Muchos de los moradores de estas cuadras tuvieron que reforzar sus puertas y ventanas con rejas dobles. Otros no tuvieron más opciones que vender sus viviendas por la mitad del precio. A muchos les han robado desde electrodomésticos hasta las materas. Mientras que en una avenida aledaña, han aumentado los locales de chatarrerías y compra ventas de hierros y otros materiales, que a su vez, son surtidos por los habitantes y dueños de “el Cerco”.

Hoy, la gran mayoría de los tradicionales habitantes de San Judas o el Guabal que no se han marchado, pues les quieren pagar hasta la mitad del precio lo que valen sus viviendas, han tenido que aprender a convivir con los olores que llegan desde este separador, de marihuana y bazuco. También a  estar obligados  a escuchar  los gritos desgarradores en las medias noches, cuando las mujeres que habitan el “temido” separador, pelean con sus compañeros, evitando desde una violación, hasta un robo. En otros casos los sonidos que se escuchan son de disparos, entre los habitantes de este “cerco”, en algún ajuste de cuentas.

Para los habitantes de estos barrios, la situación ha empeorado desde hace años y medio. Primero fueron grupos reducidos que se fueron tomando el separador. Después llegaron otros más grandes. Y hoy se pueden evidenciar en esta zona verde, seis grupos bien establecidos, que a su vez, tienen sus propis compradores de droga.

Y así se ha venido configurando esta invasión de un corredor ecológico aledaño al Canal  CVC sur. Incluso todos los habitante de la calle, que habitualmente ocupaban los puentes de la autopista suroriental, y que en una iniciativa del Gobierno Municipal, al instalarse una serie de controles, fueron obligados a abandonar estos sitios, según algunos de los vecinos de  los barrios afectados, llegaron a este separador a vivir a sus anchas.

 

En el “Cerco” una vicha de marihuana se consigue desde dos mil pesos. Y  el “fanor” o el “vendies”, aguardiente adulterado, mezclado con  cocaína, se puede comprar desde los diez mil pesos el porrón, que equivale a unos dos litros.

¿Por qué el fanor? Ese es el nombre del supuesto mayor propietario de alambiques clandestinos de la zona, y ese nombre quedo en el ambiente cuando de adquirir trago ilegal se trata.

Y es que uno de los barrios en donde más se produce licor adulterado de Cali es en San Judas Uno. Según algunos de los vecinos, lo producen en alambiques, que se rotan de casa en casa, para despistar los operativos de las autoridades. Y lo cual ha generado que, en “el Cerco”, sus nuevos habitantes, se roten este licor, sin importarles, los niveles de adicción que les genera.

“El Cerco” además está dividido por zonas, dedicadas en cada espacio al microtráfico de drogas. Uno de los grupos más temidos, es el de los denominados “Piolines”. Y de acuerdo con los vecinos afectados, en días anteriores tras el asesinato de un de los líderes de este sector, a quién conocían con el alias de  “el Cacique”, se presentaron luchas por el poder, y por ende, enfrentamientos con grescas a cuchillo, y disparos, entre los invasores del espacio ecológico y  que generaron, entre los tradicionales vecinos del sector temor, y especialmente el tener que resguardarse en sus viviendas, con la zozobra de poderse convertir en víctimas de una bala perdida.

También insisten los vecinos de barrios aledaños al “Cerco”, que el aumento en el número de habitantes de la calle, está propiciando, que salgan a la avenida aledaña a atracar a los automovilistas y motociclistas, que por esta transitan, y después corren esconderse  con sus “botines”, en medio de esta zona verde, que se está transformando en una de las “guaridas” más grandes de la ciudad.

Un vecino desconsolado insiste en que mientras que en el centro de Cali, por décadas, se ha mantenido en el barrio el Calvario, la ocupación de sus calles, por recicladores y habitantes de la calles, en los últimos dos años, su sector, se convirtió en un “calvario en vida”.

Un corredor ecológico  invadido y descontrolado

Este corredor ecológico de la calle 26, y en el que supuestamente se iba a adelantar la mayor obra de infraestructura urbana, denominada la “Autopista del Bicentenario”, por la anterior alcaldía de Jorge Iván Ospina, y que termino siendo una utopía urbana y para los habitantes de esta zona de Cali en otra  fuente de promesas incumplidas, sobre todo, porque guardaban el anhelo de que con la construcción del viaducto, se le podría solución al problema del “Cerco” y a las otras invasiones que afectan este sector.

Porque no solo el corredor de la 26 está invadido de indigencia, también de negocios particulares que usufructúan desde hace varios años este separador vial, con el visto bueno e varias administraciones municipales anteriores.

De manera sistemática, en cuanto termina la zona conocida como "el Cerco”, se privatizó el corredor, con la ocupación de parqueaderos públicos y compraventa de vehículos.

Uno de los parqueaderos, el más grande,  tiene el nombre de  Los Colores y se ofrece servicio las 24 horas del día. En el área, que es de aproximadamente 500 metros, se encuentran desde contaniers de exportación, hasta busetas y carros particulares.

Metros más adelante hay otro parqueadero, llamado Granada Estación. Y en la misma zona, una compra venta de carros, que tiene una sede principal en el margen derecho de la vía, y en pleno separador han armado una alterna, en la que permanecen, en promedio, veinte vehículos en exhibición.

Esta ocupación de un área, que bien podría ser un sendero  ecológico, se ha  fomentado en un corredor, que le pertenece a la Nación, y que hace parte del área que ocupó  la carrilera de ferrocarril ,  que le fue entregada por una patronato al  Municipio de Cali, pero antes de este proceso y dentro de la liquidación de los Ferrocarriles Nacionales, de acuerdo con fuentes consultadas por  Caliescribe.com, algunas de estas  zonas verdes fueron entregadas por uno de los liquidadores a sus propios familiares para que las utilizaran. En los últimos quince años se han utilizado los terrenos en estas actividades, que les brindan beneficios a los propietarios de parqueaderos, pero que  perjudican al medio ambiente y la calidad de vida de todos los habitantes de los barrios aledaños, que no cuentan con parques para su entretenimiento.

De acuerdo con líderes  de la Comuna 10 de Cali, en este corredor, además de las invasiones de habitantes de la calle, parqueaderos y compraventas de carros, en solo cuatro kilómetros, además se ha incrementado el número de familias que han establecido su vivienda ilegal, en el extremo sur de una franja del mismo. De treinta casas subnormales iniciales se pasó a más de ciento cincuenta. Todas levantadas a un lado de la cuenca del río Cañaveralejo y precisamente en la parte en que este afluente arrastra todas la secuelas  de un paso “inclemente” por una ciudad que lo contamina y que en su último tramo recibe, todas las aguas residuales de esta invasión.

Por más que los vecinos de la Comuna 10 han insistido que se revisen la invasión,  así como ocurre con el caso de “el Cerco”, siempre se han encontrado, con ofrecimientos de parte de las Autoridades y durante varios gobiernos, de que tomarán cartas en el asunto, pero pasa el tiempo y ahí continúan estos flagelos,  por el contrario incrementándose el temor y la zozobra entre los  habitantes de estos barrios. Como anota un vecino, que pidió reserva de su identidad: “Aquí es más fácil que sean los del Cerco, los que llamen y de pronto hasta nos saquen a nosotros de nuestras casas las autoridades”

En aras del equilibirio periodístico, la redacción de la revista virtual Caliescribe.com le envío al Secretario de Gobierno Carlos Jose Holguín,seis preguntas sobre la temática planteada en esta investigación desde el lunes 30 de julio y hasta el día de cierre de edición de esta revista, es decir el 04 de agosto y no obtuvimos respuesta alguna.

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