
Por Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.
La semana pasada la Corte Suprema de Justicia confirmó sentencia condenatoria al exalcalde Jhon Maro Rodríguez por celebración indebida de contratos. Sí bien es cierto la conducta reprochable no corresponde a un acto de corrupción fiscal, la actuación del exmandatario infringió la normatividad y reglamentación propia de la actividad publica y la responsabilidad del funcionario publico. Coincidencialmente la misma semana y después de dos años de haber sido privado de libertad, al exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias fue dejado en libertad. El exministro había sido vinculado por presuntas irregularidades cometidas en el programa de Agro Ingreso Seguro – AIS.
Es lamentable el desgaste a que es sometido el funcionario publico que después de dejar su cargo deba enfrentar los señalamientos que se le hacen. En el caso de ambos funcionarios debieron afrontar cargos por actuaciones en su desempeño como altos funcionarios públicos. Pero lo que sí es claro es que en el momento de haber tomado las respectivas decisiones su criterio y sentido común habían sido obnubilados por el poder que ambos ostentaban.
Para el ser humano, y en especial el político, es fácil caer en la tentación de la soberbia. La adulación constante hacia el funcionario, los círculos de seguridad instaurados por ellos mismos o su sequito inmediato, las ostentaciones de pasar de ser un ciudadano común a tener privilegios efímeros son algunas de las causas que llevan a la persona a perder la dimensión e importancia del razonamiento y la responsabilidad esperada en el desempeño de su función.
El filosofo e investigador mexicano Alejandro Tomasini piensa que la soberbia es una anormalidad que se refleja en una actitud vivencial. El fundamento de la soberbia se encuentra en erróneas creencias que una persona tiene acerca de sí misma. Le hacen adoptar una actitud equivocada que se deriva en distorsionadas evaluaciones y descripciones de su entorno, de los demás y, desde luego, de sí mismo. El soberbio está impedido en ofrecer disculpas, sobre todo cuando, por situaciones conformes a su propia conducta es lo único que procede. Cuando el gobernante piensa algo, está decidido a jamás aceptar haberse equivocado en su política o en lo que provocó.
Jhon Maro y Andrés Felipe fueron cautivados y seducidos por el poder. Pensaron que pese a las advertencias de sus equipos consultores, y en el caso del exalcalde la beneficiada contratista, su criterio y juicio tenían que sobreponerse a cualquier consejo bien encaminado.
Abraham Lincoln resume en una celebre, universal y sempiterna frase, lo que a nuestros compatriotas les sucedió;
“Casi todos podemos soportar la adversidad, pero sí quieres probar el carácter de un hombre, dadle poder”