Por Carlos Jose Holguin
Confieso que las imágenes de miles de guerrilleros de las FARC desplazándose por ríos, montañas y trochas para llegar a las zonas de concentración, me ha emocionado y reafirmado en que no estaba equivocado en apoyar abiertamente el proceso de paz con las FARC como lo hice desde un comienzo.
Contrario a lo que uno esperaría, ver rostros llenos de odio y resentimiento después de tanta barbarie, mucha de ella inculcada a la fuerza, son rostros llenos de esperanza, ilusión y expectativa, que de alguna forma nos hace sentir a todos como sociedad responsables de la suerte de esos miles de jóvenes. Sorprende la gran cantidad de mujeres, lo cual hoy explica el porque de la insistencia del tema de género en los acuerdos.
Esta denominada última marcha de las FARC ha recordado y evidenciado cosas. Lo primero nos ha recordado de manera contundente que las FARC existe, marchan con disciplina militar, están bien apertrechados, y aunque no son los 18.000 o 20.000 que en algún momento fueron (6.300 según los datos de las zonas de concentración) no son ni mucho menos una cifra ni un grupo guerrillero despreciable ni como algunos ingenuamente lo afirmaban acabado o derrotado, estas marchas nos han recordado esa triste y temida visión de camuflado con botas, que tanto daño y dolor sembraron en Colombia.
Pone en evidencia la incomprensible imprevisión e ineptitud del gobierno, que no obstante ser esta su gran obra, no pudo tener debidamente terminadas los alojamientos, con lo cual parecía que se le estuviera tomando del pelo a la guerrilla que en varios sitios de concentración como La Elvira (Cauca) llegó a unos puros rastrojos sin la más mínimas condiciones, algo indignante. Si esto pasa con la construcción de simples cambuches, como será lo que viene con semejante cantidad de compromisos que el gobierno acordó con tal de hacer realidad el proceso de paz.
Demuestra que si bien hay unas disidencias anunciadas como la del bloque primero desde el inicio mismo del proceso, y otras que están en la contabilidad propia de estos procesos donde nunca se desmoviliza el 100%, en lo que hasta el momento se ha concentrado esta lo más violento y temible de las FARC. El bloque sur, que tanto padecimos en esta zona del país, recordemos los diputados secuestrados, el bloque oriental al mando del sanguinario Romaña, celebro de las pescas milagrosas y de la famoso toma a Mitu donde secuestraron 50 policías y mataron otro tanto. Es bueno empezar ya a saber a ciencia cierta y de manera clara cuales si están y cuáles no, allí la fuerza pública tiene todavía una tarea pendiente que tendrá que acometer con toda decisión y contundencia, esperemos que Santos los deje.
De modo que arrancamos, con el carro del gobierno varado, pero el de la guerrilla a toda marcha, con una gran expectativa y una carga grande de responsabilidad para toda Colombia. Lo que de aquí sigua ya no es tema de si nos gusta o no Santos o el proceso de paz, es un tema de toda Colombia en el que todos nos tenemos que comprometer pues del éxito de este proceso depende que Colombia comience a recuperar la senda de la paz, de la cual todavía estamos lejos, el camino desde ya se anuncia largo, sinuoso y culebrero.
