Por Humberto Giratá
Desde tiempos inmemorables el dinero físico ha sido el medio de cambio comercial por excelencia. Su aparición en las actividades económicas fue un avance en el movimiento de las transacciones, las cuales se incrementaron notoriamente, al superarse la etapa del trueque como medio para el intercambio de mercancías que satisficieran las necesidades humanas.
El siglo XX superó la concepción del dinero respaldado por el oro hasta el invento del dinero plástico, representado en las tarjetas de crédito y debito, los cuales, conjuntamente, con los cajeroselectrónicos, reemplazaron el uso de los billetes.
Las monedas nacionales se tasaron, inicialmente por su producción, luego, por su confiabilidad de sus economía y, finalmente, por su cotización en las bolsas de valores, donde se le brinda tratamiento similar al de las acciones de las multinacionales.
De esta manera, entramos a formar parte de una sociedad digital, cuyo símbolo es el dinero plástico -tarjetas debito y crédito-, las cuales han venido aumentando su participación en todo el mundo.
Durante 2013, en América Latina se registró un aumento del 25% en los pagos electrónicos, lo que representó un crecimiento entre el 1,67% y el 2,89% del PIB regional debido al cambio de mentalidad del consumidor que ha permitido que las transacciones electrónicas ganen terreno.
Para el año 2014, en Colombia, reconocida como la tercera economía de la región y con gran inversión extranjera, se prevé una expansión de estos medios de pago, por varias razones, a saber:
Primero, el alto nivel de consumo familiar lo que ha llevado a las grandes tiendas a ofrecer tarjetas de crédito a sus clientes negocio que todavía se encuentra en crecimiento y que ofrece mejor rentabilidad que la venta de sus productos.
En segundo lugar, la ventas realizadas por internet, en el llamado e-comercio, mediante novedosas aplicaciones que explican el consumo inteligente y le brindan a los usuarios elementos de educación financiera, ofreciendo puntadas al uso racional del dinero en tarjetas, tanto débito como crédito.
Tercero, la campaña de la DIAN que estimulas compras con dinero plástico, transacciones que facilitan el control a la evasión y elusión de impuestos.
Finalmente, el fomento de los pagos electrónicos, así como el aumento de soluciones de pago domésticas significan un mejoramiento en la inclusión financiera porque además de llegarle a más personas de bajos estratos, se enseña el consumo inteligente como forma de activar la economía del país y el objetivo es cómo ayudar a nuestros jóvenes en Latinoamérica, impactando 15.000 jóvenes a través de los denominados Centros Poetas".
Esta realidad virtual, nos obliga a reflexionar sobre el papel que ha cumplido el dinero como medio de pago porque, en sus inicios, rompió el esquema de trueque y, con la presencia masiva del dinero plástico.
Estamos en un nivel de trueque supremamente sofisticado en el cual las tarjetas facilitan todo tipo de transacciones sin dinero físico. Una persona recibe su salario o sus ingresos en su cuenta y, mediante la utilización de sus tarjetas, puede atender todas las compras para atender sus necesidades, adquirir créditos, presentar proyectos con una mínima parte del dinero físico.